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JESÚS ASENSI DÍAZ

                                       

                                    Artículos Generales

 

                                                 ARTÍCULOS SOBRE PUENTE GENIL Y SUS PERSONAJES

 

 LEVES VIOLETAS Y LIRIOS MORADOS …

CAMPOS REINA, EN EL RECUERDO

LA RAZÓN POÉTICA DE ASCENSIÓN MILLAN  PADILLA

INTUICIÓN Y TRASCENDENCIA EN LA RAZÓN POÉTICA

            Presentación en Madrid del libro de la pontanensa Ascensión Millán Padilla

UNA ÓPERA EN MADRID CON PARTICIPACIÓN PONTANA

            La  soprano lírica Inma Almeda canta “Don Pascuale”

UN RECUERDO PARA MARUJA ALVAREZ DE SOTOMAYOR

RECITAL DE INMA ALMEDA EN EL ATENEO DE MADRID

INMA ALMEDA CANTA A MOZART EN MADRID

            Recital de ópera en el Ateneo de Madrid

CONCESIÓN DE LA CAMPANITA DE ORO A JESÚS PÉREZ GÓNZALEZ

JOSÉ LUIS REY CANO, POETA ALPINISTA DEL SER

LUZ MEDITERRANEA, EXPOSICIÓN DE PINTURA  EN MÁLAGA

            SU AUTOR, EL PONTANÉS ENRIQUE PÉREZ ALMEDA

NUEVA PUBLICACIÓN DEL POETA JUAN REJANO

            La tarde y otros poemas editado por Cátedra

EL SENTIMIENTO RELIGIOSO EN LA POESÍA DE ANTONIO ALMEDA

ENRIQUE PÉREZ ALMEDA, EL PINTOR DE “LOS PROFETAS”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LEVES VIOLETAS Y LIRIOS MORADOS …

A propósito de un poema que Ricardo Molina dedicó a Juan Rejano

 __________Jesús Asensi Díaz__________

 

 

         El número 6 de la Revista Cántico

            La Revista cordobesa Cántico, en su número 6, de febrero-marzo, de 1955, publicó un poema de Ricardo Molina con el título de “Carta a Juan Rejano” que es una descripción altamente poética de la Semana Santa de Puente Genil y que dedica al poeta y paisano en el exilio, Juan Rejano. Desde que lo leí me sentí plenamente identificado con la expresión lírica del mismo y  con su contenido que, aunque se trata de  un tema local, él  lo amplifica insertándolo en su universo poético.

            Dicho poema lo he utilizado en mis trabajos sobre la Semana Santa Pontana y en un Pregón y siempre vuelvo a él, con algún motivo, lo releo y me lleno del hondo sentimiento que desprende, además de su hálito poético. Y es al cabo de los años cuando decido hablar de él y en torno a él, comentándolo sin realizar un análisis critico-literario profundo que  orille el sentimiento y la pasión con que está escrito.

Recuerdo que lo leí, por primera vez, hacia 1963, en la Biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras de Granada, repasando la Revista Cántico para un trabajo de la asignatura de Literatura de los cursos comunes de esa carrera. Entonces tuve noticia, por vez primera, de los poetas Molina y Rejano  pero lo que me llamó la atención fue la referencia que hacía  a la Semana Santa de Puente Genil que yo ya vivía, desde hacía seis años. Creo que no volví  a encontrarme con este poema hasta que lo publicó el desaparecido Boletín Informativo “Anzur” (2 de mayo de 1977, página 10) que dirigía José Segundo Jiménez. Lo fotocopié, lo archivé y desde entonces me viene sirviendo.

 

 Homenaje en Córdoba a Ricardo Molina y encuentro con su sobrina Flora Molina.

En el año 2007, durante los días 6, 7 y 8 de marzo, se celebraron en Córdoba unas interesantes Jornadas Homenaje a Ricardo Molina, fundador de Cántico A ellas asistí, con fervor, complaciéndome las magníficas ponencias y testimonios   de Guillermo Carnero, Carlos Clementson, Pablo García Baena, Vicente Molina Foix, Pilar Palomo, Antonio Colinas, Antonio Garrido Moraga, Agustín Gómez y Félix Grande. Hubo, también, mesa redonda y recital  de los poetas cordobeses y  de otros lugares: Juana Castro, María Victoria Atencia, José Infante, José de Miguel, Francisco Gálvez, Matilde Cabello, Joaquín Pérez Azaustre, Pilar Sanabria, Juan Antonio Bernier, Alejandro López Andrada, Vicente Luis Mora, Ginés Liébana, Pedro Rodríguez Pacheco y José Luís Rey. Moderaron las mesas Bernd Dietz y Juan Pérez Cubillo.

A estas Jornadas asistió la sobrina de Ricardo Molina, Flora Molina Soriano, hija de uno de los hermanos de Ricardo que se casó en Ibiza, hacia los años 1940. Flora nació allí  pero a la edad de tres años la trajeron, con sus abuelos, a Córdoba, donde vivió con ellos y con su tío Ricardo. Flora estuvo, con su familia cordobesa, hasta los catorce años, realizando parte del Bachillerato en el Instituto Góngora. La conocimos, mi mujer y yo, e intimamos con ella; la veíamos mañana y tarde de los tres días de las Jornadas y charlamos mucho. Nos contó recuerdos y  confidencias íntimas, recordando vivamente la imagen de su tío Ricardo, paseando y leyendo un libro -como si tuviera el presentimiento de que le quedaba escaso tiempo de vida y debía aprovecharlo- nos decía. También, de los amigos que siempre iban por casa y a los que ahora volvía a abrazar, García Baena, Ginés Liébana y Pepe de Miguel. Nos contaba que su tío Ricardo fue para ella su segundo padre ya que convivió con él toda su infancia y comienzos de su adolescencia. Se  lamentaba de la vida que le tocó vivir, en los duros años de la postguerra, en que tuvo que hacerse cargo de su madre, de su hermana y de ella, lo que le restaba tiempo para la creación literaria en la que estaba inmerso.

Flora Molina, toda amabilidad y dulzura, emocionada por este homenaje nos contó como  se hizo cargo de la gran biblioteca de su tío, que tiene alrededor de 10.000 volúmenes y que trasladó a Ibiza en un camión de mudanzas. Ella custodia todos los manuscritos del poeta, su amplio epistolario y muchos escritos inéditos. Con gran altruismo y una actitud abierta, digna de encomio, se prestó a enviarme cualquier documento relacionado con Puente Genil y con Juan Rejano del que yo le mostré mi interés. Me escribo con ella y efectivamente así ha sido. Mi emoción fue enorme cuando recibí el manuscrito de Ricardo, en tres folios, de la “Carta a Juan Rejano” publicada en “Cántico” y que él simplemente titula “A Juan Rejano”.

La emoción que sentí la quiero trasladar a los lectores publicando el poema original, íntegramente, formando parte de este trabajo. En él me baso para realizar mis breves comentarios y no en el texto equivocado y alterado que han publicado muchas antologías y obras completas, como veremos más adelante. También, recibí copia de una carta de Juan Rejano, fechada el 30 de marzo de 1955, desde México D.F., dirigida a Ricardo Molina, escrita a máquina, y de la que transcribimos sólo el primer párrafo. Mi gratitud hacia Flora Molina es enorme y desearía, algún día, visitarla en Ibiza y poder contemplar  el patrimonio literario de Ricardo Molina que ella custodia con enorme cariño.

 

El mananterismo de  Ricardo Molina

Como se sabe los padres de Ricardo Molina se trasladaron  a Córdoba  siendo él muy joven, estudiando el Bachillerato allí y la carrera de Filosofía y Letras en Sevilla, por libre. Durantes sus estudios demostró ya un gran interés por la literatura, la filosofía y la poesía, entrando enseguida a formar parte de los círculos intelectuales de la ciudad. Y así, Ricardo leía frenéticamente, escribía (en 1945, publica “El río de los ángeles y  en 1948, la “Elegía de Sándua”) y  se relacionaba con otros poetas, constituyendo, hacia 1947, el Grupo “Cántico”, capitaneado por él y  secundado por Pablo García Baena y Juan Bernier. En 1949, teniendo 32 años obtiene el importante y consagrado premio “Adonais” de Poesía  por su obra “Corimbo”.

Es por estos años cuando entra en contacto con algunos paisanos que residían en Córdoba (Juan Ortega Melgar, los hermanos Luís y Jesús Melgar Reina y otros) y reactiva el recuerdo de su pueblo y de su Semana Santa. Posiblemente, de la mano de estos y de Gonzalo Reina vino el que pronunciara, posiblemente el que fuera el Primer Pregón de la Semana Santa Pontana, en 1950, según ha desvelado recientemente y pormenorizado Juan Ortega Chacón (1). En la Semana Santa de este mismo año fue el anfitrión y guía del antropólogo Julio Caro Baroja en su visita a Puente Genil así como de  otras personalidades en años sucesivos.  A raíz del  Pregón  pronunciado y de su Premio, Puente Genil se interesa por él y el 22 de julio de 1950, se le tributa un homenaje, del que dio noticia el diario Córdoba, presidido por el alcalde Jesús Aguilar, con la intervención del poeta local Manuel Reina Porras  y entregándosele a Ricardo Molina un pergamino (2)

Ricardo Molina, pues,  alterna las preocupaciones literarias del grupo “Cántico”   con las  de sus paisanos  con los que revive el “mananterismo”  que todo pontano lleva dentro. Y así, en 1952, es el Presidente de la refundada Corporación de “Los Samaritanos”, en Córdoba capital, hecho insólito cuya acta fundacional fue firmada por su secretario Juan Ortega Melgar y adornada por unos versos, en forma de romance, de su Presidente, hechos que, también, nos relató magistralmente, en su día, Juan Ortega Chacón (3). Este grupo de pontanos entusiastas  mantiene incluso un lugar de reunión, un “cuartel”, en la calle María Cristina, 1 y, posteriormente, en la calle Santa María de Gracia, donde se reunían frecuentemente y se preparaban las figuras bíblicas. Se sabe que el jueves santo de 1953, Ricardo Molina, desfiló por las calles de Puente Genil, con su recién fundada Corporación, vistiendo las ropas, el rostrillo y el martirio de su figura bíblica  preferida, “La Samaritana”.

Existen fotografías de su participación en los cuarteles pontanos. Lorenzo Illanes, antiguo samaritano,  nos ha facilitado una muy simpática, que incluímos en este trabajo, en la que aparece Ricardo Molina, en el centro, con gafas, junto a Juan Ortega Melgar, contemplando como Gonzalo Reina acoge a un forastero, amigo de Ricardo, tocado con su capa y admitiéndolo con la célebre “espada de los pelos filipinos” que utilizaba para estos menesteres. En esta fotografía de 1955 o 1956, realizada en el patio de la casa donde estuvo el Juzgado, en la calle Borrego están, además, los hermanos Luque, Melgar Reina, Enrique Aguilar, Pino, los cuatro hermanos de la Soledad y un jovencísimo fichaje para los Samaritanos, Lorenzo Illanes, agachado y  con pajarita. Ricardo Molina, solía ir, además, los jueves y viernes santo por la noche, al cuartel de Los Apostoles donde tenía buenos amigos.

Estos años de fervor manantero y de relación con Puente Genil le predisponen para escribir, en 1955, el que será el mejor poema que, a nuestro entender, se ha escrito sobre la Semana Santa de Pontana y  que, además, publica en la revista poética más prestigiosa que entonces había, no sólo en Córdoba y Andalucía, sino en España. Y más aun,  dedicada a un poeta de gran talla, paisano, cuyo exilio en México lo mantenía olvidado y aislado de su tierra.

                                                                                                  

El poema “Carta a Juan Rejano”

Sin pretender realizar un análisis literario exhaustivo del poema, lo que mataría su encanto y su emoción poética, diremos que está  dividido en siete partes o estrofas que delimitan,  claramente, el contenido poético que quiere transmitir y  que comentamos brevemente:

a) Comienza aludiendo Ricardo Molina a la estancia de Rejano en México, “Un océano es poca materia, poca distancia…” y le recuerda su infancia “entretejido al verde coloquio de hojas y ondas en la orilla del Genil”, señalándole a su paisano que “todavía no se ha extinguido el viento plañidero de las norias”, y expresándole rotundamente, respecto a su situación de exiliado, que “sombra de ceiba y plátano ardoroso el acento de España no apagaron”. Es decir, que Molina conocía que él seguía escribiendo y recordando a España y a su tierra en sus poemas.

            b) A continuación, se reafirma en su condición de paisanos, “Hijos somos los dos del mismo pueblo” y  le recuerda  las calles que cuando niño pasaba, “calles blancas que dan al río; calles recojidas que suben a la Ermita del Patrono”. En un arrebato lírico sigue con su bella descripción, “Desde la cumbre desnuda del cerro de Jesús aun se siguen divisando las blancas huertas y el Genil”. No podía faltar el más alto lugar emblemático y señero, “Castillo Anzur de oro entre olivares”

                                               c) Después de esta introducción alerta a su paisano, “Ya se anuncia en el aire la cuaresma”, con esta delicada metáfora, “Leves violetas y lirios morados dirán la huída del invierno…”. Le hace saber lo que es propio de la cuaresma pontana, sus cánticos corales y dialogados, “el grave miserere” y “las viejas saetas”,  copiando una de sus letras  más antiguas.

            d) Y llega la Semana Santa y “de nuevo la campana repicará ante un duelo de estandartes negros, morados” .  Y con una breve pincelada anuncia el Miércoles Santo, “por el Convento apuntará con luna de Pasión y remotos olivares que desde lejos lloran en la sombra con el olivo celestial del Huerto”. Se trata de una de las cofradías más antiguas y veneradas.

            e) El Jueves Santo lo describe con magnificencia y rotundidad: “en la tarde clara y bella pondrá un dolor sereno, una alegría perezosa aromada de azahares,  cuando, lento el Señor de la Columna suba a la Veracruz entre bengalas”. Y ahora, introduce otro de los elementos clave de la Semana Santa Pontana, “y el Imperio Romano salga al paso”. Por último, la mención a las figuras bíblicas que singularizan la Pasión en Puente Genil, “y solemnes, hieráticos, avancen Samaritana, Fariseo, Adultera…” Es su Corporación, a la que pertenece y viste sus ropajes. No se puede hacer una descripción tan perfecta y emotiva con tan pocas palabras, pero tan bien dispuestas.

                                                f) Viene ahora el día más grande del año según el sentir pontano, el día que Jesús está en la calle. “Desde su Ermita en sombra el Viernes Santo descenderá con lágrimas de plata y sol de gloria”. Es un día terrible, dramático pero esperanzado de los pontanos que ansían  encontrarse con el Patrono. “En honda muchedumbre vivos y muertos fundirán sus almas y seguirán, oscuros por las calles a Jesús Nazareno”. Molina trasciende su paganismo y  se expresa con una religiosidad sincera y tremendamente personal. “Roto el muro terrible de la muerte y sus cadenas, Puente Genil, en torno a su Patrono vivirá la Pasión hora tras hora”. El final, lo revive con el misticismo de un poeta que ahonda en la más profunda espiritualidad: “y cantará la gloria soberana de Aquel que es la Verdad, la Luz, la Vida”.

            g) La última estrofa del poema la inscribe en un amplio paréntesis. El domingo de Ramos es la apoteosis inicial de esta singular Semana Santa. Molina  acude al pasado para centrar su descripción: “En el Café de antaño que llamaban “Recreo de la Marina” cuando llegue blanco y celeste el Domingo de Ramos he de pensar en ti”. Y apela a los recuerdos de aquel al que escribe: “De los tarajes que cantaste saldrán oscuros cantos de ruiseñores”. Canta la explosión de luz y de alegría que supone este día: “Un temblor de palmas recorrerá la luz. Genil sonoro pasará reflejando la alegría de la naciente primavera”. Y termina con la dulce descripción de una naturaleza pura y originaria con la que recuerda y nombra a su paisano: “Al soplo del río, a la mañana tierna y pura, desde los dulces álamos que vieron transcurrir nuestra infancia, oh Juan Rejano, he de decir tu nombre…”.

            En este poema, como en toda la obra de Ricardo Molina, está muy presente la naturaleza pura, limpia, en este caso con recuerdos nostálgicos de un pasado. También lo cotidiano, con lo que refuerza la descripción de una realidad que se vive con pasión, tal es la Semana Santa de su pueblo. Y luego está su religiosidad barroca que conecta con un universo de afectos, de recuerdos de la infancia y de vivencias actuales encarnadas  en una forma especial de religiosidad popular con la que se siente identificado. Su sentimiento humano se pone, también, de manifiesto en esta Carta al amigo, poeta y paisano que lleva tiempo en la distancia. (4)

 

El Poema “Carta a Juan Rejano”, en las diversas Antologías

El Poema de referencia, a pesar de no formar parte de ninguno de sus libros fundamentales (Ricardo Molina lo dejó listo para la imprenta, incluído en “Homenaje”)  ha merecido que los diversos antólogos que han seleccionado su obra lo incluyan en sus respectivas ediciones. Pero, ¿qué ha pasado?.  Como es posible  que desde la Antología de Mariano Roldán se haya arrastrado un error tan garrafal en el poema. Veámoslo.

 

     A) La Antología de Mariano Roldán, en Plaza y Janés (1976)

      Esta Antología que aparece acotada entre 1945-1967, fue editada en Barcelona por Plaza Janés, en 1976. El prólogo y la selección es del poeta cordobés, de Rute, Mariano Roldán que se refiere a que el poeta “se siente identificado con los demás, escribe para ellos y los tiene en cuenta al escribir, pensando en la hora en que a él y a sus contemporáneos les ha tocado vivir en el mundo” Y habla del libro inédito “Homenaje” del que él extrae algunos poemas entre ellos, “Carta a Juan Rejano” que él cambia de título por “Semana Santa en Puente Genil. Homenaje a Juan Rejano”, inserto en las páginas 260 a 262. Pero lo más grave e insólito es  que, en la penúltima estrofa, a partir del verso que dice “vivirá la Pasión hora tras hora” se introducen diez y ocho versos que  no tienen nada que ver con el contenido anterior, suplantando a los que ya había publicado Ricardo Molina en Cántico. ¿Qué ha ocurrido? ¿Por qué este error del antólogo? ¿De donde sacó este texto manipulado? ¿De donde proceden esos versos fraudulentos?. Es un misterio que por el momento no he logrado descifrar. Pero lo grave es que este error ha ido pasando de una a otra antología e incluso a las obras completas como veremos (5)

 

     B) La Antología de José Peláez en la colección Anzur (1980)   

En el año 1980, el profesor José Segundo Jiménez, director de la desaparecida revista “Anzur” y  editor de la colección “Anzur”, publicó, en el volumen XII, una breve Antología de Ricardo Molina debida al pontanés José Peláez Domínguez, abogado residente en Badalona y poeta, que a su vez,  ya había publicado dos libros de poesía en esta misma colección. Pues bien, Peláez incluye el poema de referencia, en las páginas 134-135, en un apartado o capítulo que titula “Homenaje”  y cuyos poemas los ha seleccionado –según el mismo indica- de la Antología de Mariano Roldan, de 1976.

Peláez  comete el mismo error del antólogo de referencia, titulando el poema de Ricardo Molina “Semana Santa en Puente Genil. Homenaje a Juan Rejano”, elimina el grupo de versos en que Ricardo habla del Jueves Santo y, en fin, termina el poema con diez y ocho versos que no sabemos de donde han salido y que no tienen nada que ver con la magnifica descripción de la Semana Santa Pontana que venía haciendo (6)

 

C) La Obra Poética Completa, de Ubago editor (1982)

Antonio Ubago, editor de Granada junto con la Diputación de Córdoba, fue el primero que editó las obras completas, en dos tomos, incluyendo en el segundo volumen tres libros inéditos. Tiene un prólogo de Dámaso Alonso en el que cuenta como Ricardo Molina le enseñó las plazuelas y las callejas de Córdoba y, también, que lo acompañó y le preparó el terreno en Puente Genil donde tuvo que ir para estudiar una variante lingüística del habla andaluza que se da allí. El texto de esta antología, aunque no lo indica, sabemos que fue ordenado y fijado por Pablo García Baena, María Victoria Atencia, Rafael León y Bernabé Fernández –Canivell. También se conoce que los libros inéditos (Psalmos, Homenaje y Otros poemas) fueron alterados respecto a los manuscritos que se conservan de Ricardo Molina. En Homenaje es donde se incluye “Carta a Juan Rejano” con el título de “Semana Santa en Puente Genil. Homenaje a Juan Rejano”, páginas 117-118 del tomo II, que  recoge el mismo texto erróneo y añadido que sus antecesores. Nos cuesta trabajo creer que los cuatro poetas que “ordenaron y fijaron” los textos se les pasara este grave gazapo literario (7). Existe otra breve  Antología poética, realizada por Rafael Ballesteros, en Huerga & Fierro (1999)  pero que no contiene el poema de referencia

 

D) La Obra Poética (1945-1967), de Visor (2007)

En edición de José María de la Torre, especialista en la obra de Ricardo Molina, y  con un estudio preliminar de Diego Martínez Torrón es por ahora, la más completa obra poética, en dos tomos. En el segundo, que recoge su poesía póstuma y en el apartado Homenaje (1982) es donde aparece, en las páginas 212-214, el poema de referencia con el nombre de “Semana Santa  en Puente Genil. Homenaje a Juan Rejano” y con el mismo error que viene arrastrando, de la sustitución de bastantes versos por otros que ya incluía su primer antólogo Mariano Roldán, en 1976 y que trascribimos, sólo los primeros, para que se vea la persistencia de un error absurdo:

 

           “ contra la rosa sin nombrarla y piensas

           que tanta flor no cura nuestra pena.

           Solo caminas pero tú no quieres

           ir solo, sino hombre entre los hombres,

           etc. etc.

 

En vez de los versos originales y auténticos de Ricardo:

                            

                             “ y cantará la gloria soberana

                             de Aquel que es la Verdad, la Luz, la Vida.

                             En el Café de antaño que llamaban

                             Recreo de la Marina, cuando llegue

                             blanco y celeste el Domingo de Ramos,

                             he de pensar en ti “….

 

Epílogo

      Hemos querido resaltar el hondo lirismo de Ricardo Molina y  su finura y sensibilidad como poeta al tratar un tema local como es la Semana Santa de su pueblo, Puente Genil, de la que se sintió muy atraído por su singularidad y religiosidad popular y por su pertenencia a la Corporación Biblica “Los Samaritanos”. El poema “Carta a Juan Rejano”, que hemos analizado y  explicado, responde a la necesidad de Molina de contactar y de relacionarse con los demás, en este caso con un paisano y poeta en el exilio. Y nada mejor para acercarse a él que hablarle de la Semana Santa de su pueblo que tan arraigada  en su ser la llevan la mayoría de los pontanos.

 

CITAS BIBLIOGRÁFICAS

 

- (1) ORTEGA CHACÓN, Juan (2007): “El Pregón de Ricardo Molina”, Revista de Semana Santa 2007, Puente Genil, pp. 28-35

 - (2) (1950): “Agasajo a Ricardo Molina en Puente Genil”, en Diario Córdoba, 27 de julio

- (3) ORTEGA CHACÓN, Juan (1991): “Evocación, recuerdo, homenaje…La fundación en Córdoba de la Corporación “Los Samaritanos”, en Revista Informativa “Casa de Puente Genil en Córdoba”, nº 4, mayo, pp. 23-25.

- (4)  MARTÍNEZ TORRÓN, Diego (2007): “Ricardo Molina y la ciudad dormida”. Estudio preliminar          en RICARDO MOLINA: Obra Poética, edición de José Mª de la Torre, Madrid, Visor, pp. 7-17

- (5) MOLINA, Ricardo (1976): Antología (1945-1967), Selección y prólogo de Mariano Roldán, Barcelona, Plaza Janés

- (6) MOLINA, Ricardo (1980): Antología. Selección y prólogo de José Peláez, Puente Genil, Anzur

- (7) MOLINA, Ricardo (1982): Obra poética completa, 2 tomos, Granada, Antonio Ubago, editor y Diputación Provincial de Córdoba

- (8) MOLINA, RICARDO (2007): Tomo I: Obra poética (1945-1967).Tomos I y II. Estudio preliminar de Diego Martínez Torrón. Edición de José María de la Torre, Madrid, Visor, 

 

PIES PARA LAS FOTOS

 

1. Ricardo Molina (Puente Genil 1916- Córdoba 1968)

2. Los amigos de “Cántico” de izq. a der. Ricardo Molina, Miguel del Moral, Pablo García Baena, José de       Miguel y Juan Bernier.

3. La Corporación de “Los Samaritanos” junto a “Los cuatro de la Soledad”, en 1956

4. Manuscrito del poema “Carta a Juan “Rejano” (1955)

5. Fragmento de una carta de Rejano a  Ricardo Molina (1955)

6. Cabecera de la revista “Cántico” que incluye el poema de Ricardo Molina sobre la Semana Santa de Puente Genil

 

 


 

CAMPOS REINA, EN EL RECUERDO

 __________Jesús Asensi Díaz__________

 

 

                                                            Cuando va a hacer el primer aniversario de la desaparición física del escritor pontanés Juan Campos Reina, queremos recordar y glosar su figura, como la del gran narrador andaluz que es, truncada su importante obra, a los sesenta y tres años, en plena capacidad creadora. Lo recuerdo, en la década de los sesenta –ya había empezado sus estudios universitarios de Derecho en la Universidad de Sevilla- con su andar presuroso, por la parte baja del pueblo, inquieto, un poco absorto. Ya tenía gafas lo que le configuraba una pose de intelectual precoz que iba adobando con sus lecturas y sus inquietudes literarias. Se casó con Fernanda Suárez y  después de un periplo profesional por Galicia, Palma de Mallorca y Barcelona, se instaló  en Málaga -en la típica  barriada de “El Limonar”, de resonancias flamencas- donde siguió desarrollando su profesión de Inspector de Trabajo

            Durante años fue madurando su paso a la literatura lo que se produjo cuando tenía cuarenta y dos años. En efecto, en 1988, la prestigiosa editorial, Seix Barral, publica su primera gran novela,  Santepar, que fue acogida con respeto por la crítica, cosa inusual en un desconocido. Yo la leí años después y me sorprendió, sobre todo, el estilo cuidado, barroco, de su lenguaje, el uso exacto y preciosista del mismo, lo cual tenía interés en si mismo. Centrada en la España de principios del s. XVIII, se inicia con este libro un recorrido  por las diferentes épocas históricas o periodos de este país que el utiliza como fondo de sus historias. En Tango rojo (1992), una serie de relatos cortos, sigue concibiendo el lenguaje como un personaje más de su narración.

            La Trilogía del Renacimiento  es un ambicioso ciclo narrativo  que recorre todo el siglo XX, protagonizado por una familia, los  Marujan. En Un desierto de seda (1990) lleva al lector a los comienzos del siglo, con la “belle epoque”, sirviéndose de los rituales y las costumbres de este periodo. El bastón del diablo (1996) la desarrolla entre la dictadura de Primo de Rivera, la República  y la Guerra Civil. Esta obra fue  reconocida con el Premio Andalucía de la Crítica, destacando el jurado su capacidad para crear “un simbolismo lírico y un espacio narrativo desde un jardín, donde la saga de una familia se articula en la aceptación o el rechazo de un sistema social que se demuestra socialmente injusto”. Por último, en La góndola negra (2003), llega en su intrigante relato hasta finales del s. XX en que un miembro de la familia es nombrado heredero de una parte del legado familiar. Al llegar a la casa de los  Marujan se da cuenta  de que allí  hay un misterio familiar que sigue hasta descubrir en que consiste.       Esta trilogía es muy simbólica reflejando en cada libro –como la Divina Comedia-  el paraíso, el infierno y el purgatorio. Respecto al historicismo de sus novelas  el mismo se ha  expresado así: “La literatura tiene que estar unida a la vida y desde el momento en que se produce ese enlace, se une también a los acontecimientos de una determinada época. Si se renuncia a eso, se está construyendo algo evanescente, por muy bello que sea. Si uno quiere echar la mirada atrás para reflexionar sobre algo, no tiene más remedio que recurrir a este tipo de novela.

                      

            La editorial cordobesa Ánfora  publicó  su relato corto La rosa de Apolo (1997), con una introducción Moreno Ayora  y portada dibujada por Ginés Liébana.  En el nº 2 de la revista  La Uvita 1997), órgano de la Asociación Manantera de Puente Genil en Madrid, nos hacíamos eco de su ya triunfo literario y lo saludábamos con alborozo, en una breve reseña, en la que deseábamos tenerlo con nosotros en algún acto, cosa que no se pudo cumplir. Allí informábamos del amor de Campos Reina por su pueblo y de que, en cuanto podía, se escapaba a la finca familiar de Las Quebradas, donde en su mirador  frente al río, seguía en contacto con sus orígenes.

            En el año 2000 reunió muchos de sus textos ensayísticos, relativos a la búsqueda de la libertad, en una obra que tituló Librepensamiento y que editó el Ateneo de Málaga. Entonces, decía: el verdadero escritor levanta ronchas y en cada libro debe desnudarse y perder la vergüenza”. Escribió, también, un díptico La cabeza de Orfeo (2006) titulados: Fuga de Orfeo y El regreso de Orfeo, dos novelas opuestas que representan la liberación del hombre por medio de la sensualidad y que se presentaron en la  Biblioteca Municipal “Ricardo Molina” de Puente Genil. Además, es autor de cuentos, ensayos, poemas y textos diversos. En el diario Córdoba tuvo una colaboración periodística periódica que leíamos con mucho interés  por la sagacidad de sus apreciaciones, el interés de sus temas y la utilización de un lenguaje esmerado.

             Hasta poco antes de su fallecimiento, Campos Reina, trabajó en corregir un ensayo De Camus a Kioto, que es su gran obra póstuma, en la que realiza una compleja y sutil comparación cultural, literaria y filosófica entre Occidente y Japón, explicando procesos históricos y culturales con gran maestría y preparación. Publicado, recientemente, por Siruela, en este libro –como expone su amigo, el también pontanés y estudioso de su obra Moreno Ayora-  hay “investigación, pensamiento, anécdotas, argumentaciones, relato y, sobre todo, muy buena literatura”.

            En su obra narrativa, son una constante las alusiones a su pueblo, a su entorno, a sus habitantes, a sus costumbres y a tantos pequeños detalles que un lector atento puede fácilmente desenmascarar, haciéndose cómplice del escritor que más de una vez proclamó su andalucismo. Y, también, acudía a su pueblo para  realizar lecturas  de sus obras en los institutos, presentar sus libros en la Biblioteca Ricardo Molina, participar en Congresos y Encuentros Literarios o  para estar con su familia o sus amigos.

                                                                                 A finales de 2007, con motivo de mi exposición  “Memoria de la escuela”, en Málaga, me reencontré con él y  estuvimos en la Peña  “Juan Breva”, un día en que se celebraba la tradicional berza flamenca a la que él asistía algunas veces. Nos acompañaba, el también pontano,  Juan Ortega Chacón y disfrutamos hablando con él quien se encontraba contento y relajado en aquel ambiente distendido del que quedó el recuerdo gráfico que ilustra este escrito. Cuando esperábamos sus nuevas obras y algún momento más para gozar de su amistad nos llega el mazazo de su muerte, el 27 de octubre de 2009, a una edad en que la creación artística de este magnifico narrador estaba desarrollándose al máximo.

            El homenaje que se le tributó en su pueblo, el 4 de febrero de 2010, fue muy emotivo; por la mañana con los alumnos de los institutos; por la tarde con las autoridades locales y culturales cordobesas y malagueñas, en la Biblioteca Municipal “Ricardo Molina “, con la presencia de  su esposa Fernanda Suárez, sus hijos y demás familia,  acordándose  poner su nombre a una nueva biblioteca local. Luego, en Málaga, el 17 de febrero, en el Instituto de Estudios Portuarios, otro homenaje organizado por el Centro Andaluz de las Letras, presentándose su obra póstuma De Camús a Kioto.

            Quede, en nuestro recuerdo perenne Juan Campos Reina, narrador pontanés, escritor de culto preciosista, de un cuidadoso uso del lenguaje, orfebre de la prosa, de gran vitalidad intelectual, de ademanes y formas caballerosas, un conversador culto y siempre amable al que hay que seguir leyendo siempre.

 

Pies de fotos

  1. Juan Campos Reina (Puente Genil 1946- Málaga 2009)

  2.  Campos Reina,  con Juan Ortega  y Jesús Asensi, en la Peña Flamenca “Juan Breva, de Málaga, en noviembre de 2007

 

 

 


 

LA RAZÓN POÉTICA DE ASCENSIÓN MILLAN  PADILLA

 __________Jesús Asensi Díaz___________

 

            Ascensión Millán Padilla nació en Puente Genil, en 1945. De familia muy conocida estudió Filosofía y Letras, en Madrid. Dio clases en Puente Genil en el Instituto y en la Compañía de Marí., Se casó en 1970, con Francisco Luna, estableciéndose en Madrid donde ha sido Catedrática de Filosofía. Autora de libros de texto, articulista e investigadora de la obra de María Zambrano. Madre de tres hijos, falleció tempranamente en Madrid en 2005.

 

                                                    La obra que presentamos  es el fruto del trabajo que se impuso Ascensión Millán Padilla en una tesis doctoral, que preparó concienzudamente, y que desgraciadamente no pudo concluir. Lo que nos ha legado en este libro póstumo, “Intuición y trascendencia en la razón poética”, constituye un planteamiento reflexivo  acerca del Dios de los filósofos y el Dios vivencial y  desde esta posición reflexiona, también, sobre el mal. Pero  lo que  más le interesaba explicar a Ascensión  era la relación, en la obra de la filósofa María Zambrano -por la que se sintió muy atraída- entre un pensamiento tan influido por lo religioso y una ética tan vinculada a la democracia.

            Sabemos la transformación que ejerció en su pensamiento y en su vida, las lecturas de las obras de  María Zambrano,  sintiéndose identificada totalmente con ella. Su marido, Francisco Luna, nos ha contado del cambio de sus lugares de veraneo para hacerlo en Vélez Málaga y allí, en la sede de la Fundación Zambrano, sentir, tocar y disfrutar los escritos originales de la genial filósofa. Ascensión Millán se nos presenta como una buscadora de la luz y de la verdad, siempre de la mano  de la filosofía, de la razón ; lo suyo era caminar con la conciencia bien despierta. En sus escritos se impone la belleza, hecha palabra, como instrumento con el que trataba de contemplar su mundo.

            Conocía al matrimonio Luna-Millán  desde antes de su matrimonio, en Puente Genil. Y, en Madrid, nos veíamos de tarde en tarde. Conocía las preocupaciones de Ascensión, sus clases de Filosofía en el Instituto, la publicación de sus artículos en la revista “Paideia”, su trabajo en la redacción de libros de texto de Filosofía y, últimamente, su predilección por la figura  y obra de María Zambrano. Pero, de lo que no tenía noticia era  que escribiera poesía. Ni creo que nadie o casi nadie. Su intimismo, su sencillez y, posiblemente, su pudor, le hizo  reservar su corta pero importante producción poética que ahora sale a la luz en este libro, unida y complementada a su producción filosófica. Y a ella nos vamos a referir en este trabajo.

            El capitulo III del libro, que recoge su poesía, se titula “Sentir de palabras”  y comienza diciendo: “Poemas, sensaciones y palabras. Sensaciones y palabras: sólo eso.”

El poemario se articula en torno a tres apartados: I. Sensaciones. II. Palabras y III  Otros poemas.  Vamos a  analizar, brevemente,  cada una. De “Sensaciones” dice que están “entresacadas, sin elección, casi por puro azar, de algunas pausas en el ajetreado camino cotidiano”. Comprende catorce poemas más otros cuatro  relacionados con sensaciones básicas. Este poemario es casi todo anterior al conocimiento que Ascensión Millán tuvo de María Zambrano y, sin embargo, vemos como responde fielmente a su pensamiento.

 A los hijos dedica algunos de ellos, como el  inicial “He sentido a mi hijo”, lleno de ternura y sentimiento. Se trata del “arranque, del punto de partida” –que diría María Zambrano-  “del sentir imborrable sobre el cual irán a  caer todos los demás sentíres”:

 Hoy tu cuerpo, diminuto y vibrante,

 ha rozado mi cuerpo.

 Pez abisal que regresaba

 de un océano infinito…

 Onda en mar y en sonido

 que rizaba mi carne desde dentro,

(¿qué dentro es ese dentro

que nunca había sentido?).

 

En el poema “Teatro infantil”,  describe los avatares de  la niñez desde los ojos del adulto preocupado que contempla el devenir de esta etapa infantil. Como expresa María Zambrano, “la infancia es el lugar entre todos que se lleva siempre consigo para bien o para mal”. A ella “habrá que recurrir una y otra vez y no sólo en virtud de  la nostalgia, sino de que es en la infancia  donde hemos despertado a la vida dentro del cuidado, de la ternura, casi siempre, del amor”. Ascensión, se expresa aquí con ternura:

 

  La niña de los lacitos rojos

 la de los ojos grandes

la del sol en la cara.

Esa que titubea,

la que no sigue el ritmo

de la danza.

Ha salido a la escena aprisionada

por miles de cabecitas grises

de otras niñas de nada.

Esa que titubea,

la que no marcha al son

de las palmadas.

La del lacito rojo

la de los ojos grandes

niña de mis miradas.

 

            Mi condición de pedagogo hace que me  fije en estos poemas,  claramente descriptivos del alma infantil. La infancia –decía Zambrano- “es un verdadero continente nunca bastante explorado”. Y Ascensión indaga en su lejanía poética:

 

                        En la lejanía del ascensor

                        y antes de que la llave

                        roce la cerradura,

                        llegas tú a mis oídos con tu risa.

                        Traes, pegado a tus cabellos,

                        el denso olor a colegiala

                        en las tardes de invierno.

                        Vienes, inevitablemente, a romper

                        el  ritmo de mi vida interior

                        -ritmo de soledad duramente lograda-

                        Invades ya todo mi espacio…

                        Dejo ya el cajón de los sueños

                        y  me entrego, gozosa, a tu cuidado.

 

            Y ahora, la adolescencia, esa edad difícil y  comprometida del ser humano. Dice María Zambrano que es “una época indefinida, imprecisa, un tiempo lleno, ahogado, sin apenas fluencia, punteado por instantes de inspiración, de libertad, de gracia, de felicidad. Y es el tiempo estrecho que siente que le dejan los mayores cuando le abruman con la exigencia del cumplimiento de la obligación”. Ascensión titula su poema “Viví tu soledad y ahora vivo la tuya” y  en él trata de penetrar en ese mundo adolescente cerrado, hermético y  sólo:

 

                        … Mis manos no te alcanzan,

                        nunca llegan

                        al núcleo impenetrable de tus sueños.

                        Mis manos no te sirven,

                        son oscura presencia.

                        Y me sorprendo

                        ¡nunca lo sospeché!

                        desdoblada en tus miedos

                        en tu andar inseguro             

                        Y al desdoblarme

                        viene la vieja soledad

                        -mi nueva juventud-

                        inesperada”

 

            Es muy significativa la apreciación de María Zambrano cuando expresa que “mientras que el adolescente en ese su impenetrable silencio, está lleno de palabras, está lleno por la palabra. La palabra es en él a veces como una ira contenida. Se diría que sufre la pasión de la palabra. Hay violencia en su silencio y la hay en su decir que suele ser como una irrupción un tanto volcánica de un pensamiento que se desprende al fin desgarrando el silencio, o que se lanza contra un obstáculo o un adversario invisible”. El poema  de Ascensión, titulado “Incomunicación” bucea en ese universo impenetrable y contradictorio de la adolescencia que ella, por sus hijos y por sus alumnos, intentaba desentrañar:

                        … Pero tú te me vas,

                        aprovechas mi duda

                        -amor, deber-

                        para cerrar los diques

                        de tus párpados leves.

                        Las palabras, razones de payaso,

                        vuelven desde mis labios,

                        de donde no salieron,

                        hacia el mar de mi angustia..

 

            Las cuatro sensaciones básicas están referidas a los cuatro elementos de la naturaleza que identifica con otros tantos filósofos de la antigüedad clásica: agua (Thales), aire (Anaxímenes), fuego (Heráclito) y tierra (Demócrito). Ascensión dedica a cada uno un soneto, de impecable factura, en los que  juega con la palabra y el pensamiento. El referido al agua comienza así:

 

                        Tus sensaciones, las más placenteras,

                        me saben a todo lo que empieza

                        y, tu falta, es la inútil tristeza:

                        sed que agrieta los labios y la tierra.

                        Sabes a juventud, a amanecida

                        de todo cuanto a la luz se abre,

                        plenitud de primavera de la carne,

              lúdico mar para absorber  su brisa.

 

            El apartado II, comprende once poemas y se titula se “Palabras”, expresando que “son una lucha; la del yo y los otros, la de la impotencia, un flujo y reflujo de admiración y de repulsión, una sugestión mágica y, la mayoría de las veces, un desencanto. Aunque inevitablemente “es el instante, el momento, de decir la palabra que estalla”. La palabra, pues, es el objeto de varios poemas. En el  titulado “Imagen y palabra”, juega con ambos términos, expresando con rotundidad sus sensaciones hacia cada uno de ellos:

 

                        Frente a ti no hay defensa,

                        te adentras

                        por los poros abiertos de mis ojos

                        y me empapas la mente

                        de tu aroma y sabor,

                        tu color, densidad y armonía..

                        Tú, en cambio, eres esquiva:

                        mi mano no te alcanza

                        y giras

                        sabedora de no sé que bondades,

                        en un cielo infinito

                        de escarpada subida.

 

            Y hay más, como en la desolación  de “Hoy no tengo palabras”:

 

                        Hoy no tengo palabras para expresar mi pena;

                        Su intimidad rompió los diccionarios.

 

            O en la incomunicación y el desencanto que, a veces, producen las palabras:

 

                        Para narrarme

                        ya no busco palabras

                        que, en su frialdad,

                        me rompan la calidez del alma.

                        Para expresarme

                        ya no quiero palabras

                        traicioneras ¡tantas veces!

                        de mi propio sentir.

               Para hablarte

               ya no tengo palabras

               que levanten un muro

               donde el tacto no quepa.

 

            En “¿Qué significan las palabras?, resuelve con sencillez su pensamiento:

 

                        Tú dices: agua.

                        Y te sumerges todo en su fresco

                        deleite.

                        Tú dices: luz

                        y se te van los ojos hacia espacios

                        abiertos.

 

            En fin, en “Sólo la palabra”, describe magistralmente, los diversos ángulos personales con que es posible contemplarla:

 

                        Sólo la palabra se equivoca

                        no el gesto, ni la lágrima.

                        Sólo la palabra es altiva

                        no el nudo en la garganta.

                        Sólo tu boca miente,

                        no tu voz, ni tu alma.

 

            El último  y III apartado se titula “Otros poemas” que, en número de veintitrés, acogen versos de muy diversa factura, entre los que se encuentran algunos de aire popular, como esta letra de saeta cuartelera propia de su pueblo, Puente Genil, dedicada a la Virgen de la Amargura:

 

                        Eres un mar de amargura.

                        No mires más el pañuelo

                        que ese mar no cabrá nunca

                        ni en sus hilos, ni en mi pecho.

 

            O bien, esta bella poesía descriptiva, expresada con sencillez y delicadeza:

 

                        A la ermita del santo

                        en la fría madrugada

                        vas cogiendo del campo

                        con los lirios, espadas.

 

            En fin, en “Evocación” rememora otros tiempos, con nostalgia:

 

                        El invierno

ya no está en los braseros,

sus tardes

de mesas de camilla

se llenan de cómodos sillones

y los dos números

de sus viejos teléfonos

siguen en la memoria sin agendas.

 

La poesía de Ascensión Millán es intimista, delicada, juega con el pensamiento y la palabra en versos breves, sutiles, envueltos en un aire de  cierto desencanto. Fluyen al hilo de sus razonamientos filosóficos, de su mirada a este mundo, de su preocupación por la trascendencia. Tenemos la sensación de que estos bellos poemas le surgieron de entre las manos, sin esfuerzo, en las pausas del “ajetreado camino”. Hay que profundizar más en ello. Por mi parte sólo ha sido una aproximación a su legado poético

 

Creo, que la última vez que nos vimos, en 2005, fue en la sede la Fundación Fernando Rielo. Meses después vino la noticia cruel e inesperada de su muerte, en pleno verano, cuando todos disfrutábamos de las vacaciones. Su funeral, en la iglesia de San Marcos, constituyó un acontecimiento inusual. Todos sus alumnos estaban allí, todos sus compañeros, todos sus amigos. Después, en 2009, la presentación en su pueblo de su libro, con la asistencia de sus hermanos y  sus hijos en un acto memorable en la Biblioteca Pública “Ricardo Molina”. Por último, en 2010, la presentación en el Ateneo de Madrid, en un importante acto académico en el que intervinieron selectos profesores universitarios.

 Ascensión era querida por dulce, sencilla, sensible, inteligente, generosa y  entregada. Su recuerdo nos ha quedado envuelto en su palabra escrita de carácter reflexivo y hondo,  y en sus versos íntimos, llenos de lirismo y de sentimiento.

 

 


 

INTUICIÓN Y TRASCENDENCIA EN LA RAZÓN POÉTICA

Presentación en Madrid del libro de la pontanensa Ascensión Millán Padilla

__________ Jesús Asensi Díaz__________

 

                                                        En el bello marco del salón  noble del Ateneo de Madrid tuvo lugar un acto emotivo, entrañable y de gran alcance intelectual. Fue la presentación del libro de la paisana Ascensión Millán Padilla que falleció en el año 2005 y que primero se presentó en Puente Genil el 11 de junio pasado en la Biblioteca Municipal “Ricardo Molina (ver Puente Genil Información de 20 de junio de 2009).

            La obra  es el fruto del trabajo que se impuso Ascensión Millán en una tesis doctoral que preparó concienzudamente, y  que desgraciadamente no pudo concluir. A ella se han añadido unos artículos suyos publicados en la Revista “Paideia”, su programa de trabajo en el Instituto, un poemario  y su currículo. En fin, un libro en que Ascensión nos ha dejado su legado intelectual e íntimo y que gracias a su esposo Francisco Luna y sus amigas, las profesoras Juana  Sánchez- Gey y María José Rodrigo ha sido posible su publicación.

            El acto estuvo presentado y coordinado por Marta Vázquez, Presidenta de la sección de Filosofía del Ateneo. Intervinieron  Juana Sánchez Gey, Profesora de Filosofía en la Universidad Autónoma de Madrid. quien expresó que este es un homenaje a la vida profesional, docente e investigadora de Ascensión  indicando resumidamente su trayectoria profesional  y  su pensamiento. Dijo que es una de las pocas investigadoras que ha estudiado el pensamiento religioso de María Zambrano teniendo una visión personal de esta ilustre filósofa. A continuación,  intervino Manuel Fraijó, Catedrático y Decano de la Facultad de Filosofía de la UNED y director de su inconclusa tesis doctoral. Se refirió al entusiasmo de Ascensión  y  de cómo tuvo que compaginar muchas cosas – su casa, sus hijos, su trabajo en el instituto- para dedicar un tiempo extra al pensamiento de María Zambrano que era su “alter ego”. Y lo hizo de una manera muy especial porque Ascensión era una especialista en “tender la mano”, refiriendo un pensamiento de Zambrano  -“El mayor de los sentimientos es la piedad”- que Ascensión trabajó mucho. Seguidamente, el Catedrático de Filosofía de Instituto, Pedro Ortega,  trató sobre la práctica filosófica de Ascensión como profesora, exponiendo como era el programa filosófico que aplicaba a sus clases y  algunas referencias a sus temas didácticos para el aula que ella preparaba con gran entusiasmo y  profesionalidad.

                                                                                    Tomó la  palabra, después,  el profesor de la Facultad de Educación de la Universidad Autónoma de Madrid, Jesús Asensi, quien agradecido y reconocido por haber contado con él para este acto académico se refirió a  la obra poética de Ascensión, de la que no se tenía noticia, y que ha salido a la luz gracias a este libro. Poesía intima, sencilla y a la vez profunda, muy ligada a su producción filosófica, que ella identifica como “sensaciones y palabras” y  dice que  están entresacadas, sin elección, casi por puro azar, de algunas pausas en el ajetreado camino cotidiano. Esperamos, en otro momento,  publicar un pequeño estudio de su poesía pero no nos resistimos a copiar la letra de una saeta cuartelera, dedicada por Ascensión a la Virgen de la Amargura y que dice así: “Eres un mar de amargura. / No mires más el pañuelo / que ese mar no cabrá nunca / ni en sus hilos, ni en mi pecho.”

            Cerró el acto el marido de Ascensión, Francisco Luna, quien agradeció a cada uno de los intervinientes su participación en el acto destacando su relación con Ascensión y  su obra. Con emotividad, expresó el paralelismo de la imagen con que Ascensión reflejó la muerte de María Zambrano y la vivencia que le dejó a él la suya propia, leyendo un texto muy expresivo de Ascensión.

            El acto, entre académico y homenaje intimo y personal, fue muy emotivo. El bello salón del Ateneo estaba lleno de amigos, compañeros y admiradores de Ascensión. Allí estaban sus tres hijos  Irene, Ana y Francisco, su hermana Mari  Ängeles, sus primos, cuñados y otros familiares que recogieron el afecto de la gente. Su libro también estaba allí e iba de mano en mano, conteniendo su legado filosófico y poético.

 

 


 

 

UNA ÓPERA EN MADRID CON PARTICIPACIÓN PONTANA

La  soprano lírica Inma Almeda canta “Don Pascuale”

__________Jesús Asensi. MADRID__________

 

            Acercarnos a la ópera es trasladarnos al más allá de la música con toda su magnificencia. Su poder de conmovernos física y emotivamente y, su capacidad para sorprendernos intelectualmente, parece no agotarse jamás. Acercarnos a la ópera  no es sólo para incrementar nuestra comprensión hacia ese arte y sus relaciones con las demás manifestaciones culturales, sino, sobre todo,  para penetrar en el territorio más íntimo de nosotros donde se manifiestan las grandes emociones y la sensibilidad más fina. Palabra y música  nos elevan al cenit de la grandeza. La palabra cantada, arropada por una música excelsa,  se convierte en algo sublime que nos subyuga y que nos eleva ...

 En ese mundo excelso ha entrado ya la pontanensa Inma Almeda que estos días ha protagonizado el papel protagonista de Norina, en la Opera “Don Pasquale” Inma realizó sus primeros estudios musicales de piano con la Madre Freire, después en el Conservatorio de Córdoba realizó sus estudios musicales que completaría con los de canto, siendo una de sus profesoras Carmen Blanco. Estuvo algunos años en la coral “Miguel Gant”, pero Puente Genil y Córdoba  se le quedaban pequeñas para ampliar sus maravillosas facultades. Por eso mismo  marcha a Madrid donde da clases con Ana Mª Iriarte y un afortunado “casting” le lleva a participar en el elenco de esta famosa ópera.

“Don Pasquale”  es una ópera bufa, de Gaetano Donizetti, que relata los intentos del viejo solterón Don Pasquale para conseguir una esposa y así desheredar a su sobrino Ernesto que ama a la vivaracha viuda Norina correspondiéndole ella. Ambos consienten en  secundar al amigo de Don Pasquale, el Doctor Malatesta, en  un divertido complot para arruinar las fantasías de matrimonio del anciano. El papel importante de Norina es el que interpreta magistralmente Inma Almeda que posee una voz de soprano lírica ligera de grandes tonos y cualidades. La ópera se ofrece en pequeño formato para poder realizar giras con facilidad a teatros de provincias. La dirección es de David Barón y la música corre a cargo del quinteto musical de la Orquesta de la Universidad  Carlos III de Madrid.

 La representación tuvo lugar  en el teatro de la Universidad  Carlos III de Leganés (Madrid) que estuvo casi lleno. A  la misma asistieron  los cantantes Ana Mª Iriarte y Pedro Lavirgen, algunos familiares y miembros de la Asociación Manantera de Puente Genil en Madrid quienes se sorprendieron de tener una paisana tan  importante descollando en un género musical tan difícil. Deseamos Inma Almeda muchos éxitos en la gira que ya se está realizando esperando que pronto se consolide en ese mundo apasionante de la ópera.

 

 


 

UN RECUERDO PARA MARUJA ÁLVAREZ DE SOTOMAYOR

__________Jesús Asensi Díaz___________

 

            Hace bastantes meses que nos dejó una persona de gran sensibilidad, amante de su pueblo, Puente Genil, madre de una familia numerosa de ocho hijos, inquieta y poetisa. Nos referimos  a Maruja Alvarez de Sotomayor Morales que falleció en Madrid donde vivía  desde hace  tiempo. Sabemos de ella que salió joven de su pueblo, que estudió Magisterio en Cantabria y que allí conoció  a su marido.

Contactó con sus paisanos de la Asociación Manantera y empezó a asistir a algunos actos en los que siempre nos leía algunos de sus versos. Un poema, en forma de pregón, que le oímos recitar muchas veces y que luego yo le publiqué en la Revista “La Reja Cordobesa”, (nº 9, de 1986) es el titulado “Los pregones de mi pueblo” que comenzaba así: “De mi infancia recuerdo yo pregones / que hacían las delicias de los niños / en el pueblo se oían esos sones / y se acogía al hombre con cariño”. Y a continuación describía y narraba al verdulero, al niño que vendía el caramelo pinchado en un palillo (“A chica a chica, a chica los pajaritos, las tijeritas...”), el de las piñas (“Niños y niñas, llorad por piñas, tirarse al suelo, romper baberos...”), el de las nueces, el botijero, el cerrajero, el de los molletes calientes, el de las uvas de viña....Para cada uno tenía el pregón o cantinela precisa que ella imitaba perfectamente en sus recitaciones. Y terminaba nostálgicamente: “Yo prefiero el calor de aquellas gentes / a esta adulteración que ahora llega / mi corazón añora aquellos años / de tanta sencillez con sus vivencias”.

En el año 1990, la Manantera  le hizo una propuesta insólita: la de ser Pregonera en Madrid de la Semana Santa de Puente Genil, honor que hasta ahora sólo lo ha tenido ella como mujer. Su pregón titulado “Hermandad, poesía y sentimiento en la Semana Santa Pontana” lo inició con unos emotivos recuerdos de su infancia, refiriéndose al ambiente especial que se vivía entonces en las casas y a que su padre fue uno de los fundadores de “La Judea”. Recuerdo que intercaló saetas y poemas propios que fueron muy aplaudidos, entre ellos los dedicados a personajes tan entrañables como “Cerrauras y llaves” y el “Tonto Pascual”. De este último decía: “Alegre como unas pascuas / al llegar Semana Santa / se ponía su capillo / la campanita tomaba,   / anunciando con sus sones / que la procesión llegaba.../...Muchas veces he pensado / que al llegar a su final / y presentarse ante el Padre / este tonto singular, / la campana manantera / fuerte arriba sonará / y Pedro tendrá que abrirle / las puertas de par en par / fundiéndose en un abrazo / ¡Jesús y  el tonto Pascual!.

En el año 1994, con motivo de la Semana Cultural que organizó la Asociación Manantera, nos ofreció una lectura poética de su último libro  “Senderos y Rosas” (1991). Maruja publicó otros dos libros de poemas titulados “Más allá”(1986) y “Poemas de amor y esperanza”(1987) y, también, otro de poesía narrativa “Erase una vez un valle: Cabuérniga”, en el que describe sentimentalmente la tierra de su esposo y donde vivió algún tiempo.

Cuando se quedó viuda perteneció a una asociación religiosa, “Peregrinos de la Iglesia”, en la que participaba activamente sobre todo organizando viajes por todo el mundo. Eran viajes a países exóticos y lejanos como China, India, Turquía, Tierra Santa, Tailandia, Sudamérica... Sus experiencias y fotografías las utilizaba después para dar charlas sobre estos países proyectando interesantes diapositivas que ella misma hacía. También elaboró unos “Cuadernos de viajes” con todo este material que nos enseñaba a los amigos. Su inquietud le llevó a participar en un programa radiofónico de madrugada de la cadena COPE.

 La última colaboración con nosotros fue en la Revista “La Uvita”, (nº 3 de 2003) con un artículo que titulaba “Yo estuve allí..”. Después de contarnos sus aventuras por medio mundo decía: “Cuando ya cumplo mis bodas de diamante con la vida, he vuelto la vista atrás y como en un sueño aparece mi niñez feliz, el mágico jardín de la inocencia, el pueblo donde nací y he sentido la necesidad de pisarlo de nuevo, ¿qué tendrá mi tierra, que mi alma ríe, cuando pienso en ella?. Y nos narra su ultimo viaje a Puente Genil y sus recuerdos más íntimos que expresa líricamente: “Recuerdo con alegría / la casa donde nací / en tierras de Andalucía / la luz primera que vi. / Era una casa bonita / con tres pisos y jardín /  y gran terraza asomada / a las huertas del Genil...”

 Desde la Asociación Manantera nuestro recuerdo entrañable hacia quien fue una hermana más que participó en nuestras actividades y a quien todos queríamos. Personalmente tuve con ella una gran amistad. Me hacía partícipe de sus inquietudes literarias y traté siempre de que las diera a conocer a sus paisanos bien en lecturas poéticas, charlas, recitales o por escrito en nuestra revista. Conservo sus libros  dedicados y algunas fotografías de los actos en que participamos conjuntamente lo que me hace, ahora, revivir los momentos amables de su convivencia. 

 

Pie de foto: Maruja Alvarez de Sotomayor en una lectura poética en la Casa de Córdoba, en 1994. Le acompañan de izq. a der. Andrés Gálvez, Presidente de la Manantera; José Luis Trujillo, poeta de Cabra; Antonio Almeda, poeta pontanés; José Luis Aires, profesor y Jesús Asensi, Vicepresidente de Cultura de la Casa de Córdoba

 

 


 

RECITAL DE INMA ALMEDA EN EL ATENEO DE MADRID

__________Jesús Asensi. MADRID__________

 

             En el marco incomparable del Ateneo científico, literario y artístico de Madrid, sito en la calle Prado nos reunió, otra vez, el domingo 11 de junio, a las siete de la tarde, nuestra paisana Inma Almeda en un recital de gran altura. El espléndido salón de actos, recién restaurado, con su galería de retratos, y sus valiosos murales neogriegos que representan a las civilizaciones romana, árabe y cristiana, estaba casi lleno de un público  selecto y amante de la buena música

            Nuestra cantante se presentaba  después de realizar actuaciones diversas que la van afianzando en este mundo difícil del canto. Últimamente, ha cantado el “Don Pascuale”, de Donizetti en la Universidad Carlos III, haciendo después una gira por diversos sitios, “El requien a la tierra flamenca” del compositor y guitarrista cordobés Paco Peña en la Mezquita de Córdoba y en Lérida y una  actuación en Valladolid, en un homenaje.

Su  presentación en El Ateneo fue participando en una “Gala de Zarzuela” bajo la dirección artística de Ana María Iriarte, junto a la también soprano Sonia González, el tenor José Balestrini , el barítono Andrés del Pino y el pianista Sebastián Mariné. A lo largo del espectáculo se sucedieron bellas romanzas y dúos.

 Inma Almeda, actuó en la segunda parte, en la que se protagonizó una selección de la zarzuela “Maravilla” de Moreno Torroba. Y así, nos deleitó con su voz dulce y bien timbrada al cantar la “Romanza de Elvira”, llena de finura y sensibilidad. En el  “Dúo de Manuela y Elvira”, cantó con mucha gracia y empuje castizo ya que se trata de un tema que elogia a  Madrid.  Por último, en el “Terceto de Rafael, Elvira y Manuela”, demostró también sus dotes dramáticas cantando con fuerza y convencimiento sus partes.

Fue un recital de canto muy aplaudido por la calidad de los cantantes y por la belleza de las obras seleccionadas. Al final del espectáculo, Inma y su madre Conchy, su mejor “fan”, nos invitaron en un bar cercano a departir con ellas y con los demás artistas, su triunfo. Allí nos enteramos, que ha sido contratada por la Orquesta de Córdoba para cantar en el Gran Teatro cordobés, nada menos que el “Requien” de Mozart, al comienzo de la  próxima temporada . Le deseamos muchos éxitos en este difícil y competitivo mundo del “bel canto”.

 

 


 

 

INMA ALMEDA CANTA A MOZART EN MADRID

Recital de ópera en el Ateneo de Madrid

 

__________Jesús Asensi. MADRID__________

 

            La conmemoración del 250 aniversario del nacimiento de Mozart se viene realizando en Madrid, con actos, publicaciones y conciertos del máximo interés. Uno de ellos es el que nos convocaba el domingo 24 de setiembre a las 19 horas en el bello y recamado salón de actos del Ateneo madrileño. Allí, la “Fundación Ana María Iriarte” preparó un espléndido recital en el que participaron seis cantantes y la orquesta de Cámara “S.J.C.”, formada por doce profesores, dirigidos por Sebastián Mariné.

            Escuchamos fragmentos seleccionados de dos óperas de Mozart “El empresario”  y “Zaide”. Decir sólo que la primera la escribió este genio musical con 16 años, dejándonos un catálogo de más de 600 obras que abarcan todos los géneros y de las cuales, al menos un centenar, son de una maestría absoluta. Esto nos asombra aun más al saber que el excelso músico murió cuando no había cumplido todavía los 36 años. Mozart componía música sublime  a una velocidad extraordinaria, como pudimos comprobar en este concierto. Su música, en una esfera angelical, es un gozo del espíritu y un inexplicable milagro de la creación artística. Su inmenso legado musical, puesto que escribió de todo – óperas, como las escuchadas hoy, sinfonías, oberturas, serenatas, divertimentos, conciertos, etc.- ha brillado una vez más en este acto programado por el Ateneo.

            En este ambiente musical selecto  y de gran altura  se mueve nuestra paisana Inma Almeda que día a día, con trabajo y tesón va escalando el difícil camino de la lírica y ahora la operística. La escuchamos hace meses en otro concierto de zarzuela y, sabemos que, recientemente, ha cantado “Los Gavilanes” en el Gran Teatro de Córdoba pero lo de ahora era todo un reto. La dificultad que tienen estas óperas de Mozart la sobrepasó Inma demostrando una gran profesionalidad al salir airosa en los virtuosismos que hubo de hacer con su preciosa voz de soprano.

            La diva pontana actuó en la Ópera “El empresario”, en el papel de Mlle. Silberklng,   realizándo un solo espléndido; después actuó junto al tenor Alain Damas y la soprano Eva Hyla; y, por último, en una escena con estos dos y con el barítono Andrés del Pino. Al finalizar el espectáculo en un “bis”, de gran espectacularidad, volvió  a actuar en un delicioso pasaje interpretado por estos cantantes a los que se sumaron la soprano Sonia González y el bajo José García Quijada.

            Inma Almeda, sigue su carrera profesional con actuaciones diversas. Así, cantará próximamente la ópera D. Pascuale, en Zaragoza , en Badajoz y de nuevo en Madrid.. También en noviembre, tiene un papel destacado en “Requien” de Mozart. Mientras sigue sus ensayos y superándose en su aprendizaje del canto con su profesora y mentora Ana María Iriarte que la ha acogido en Madrid con gran cariño.

            Después del acto, nos atendió a un grupo de la Asociación Manantera que estuvimos presentes en el concierto junto a su madre, su “fan” permanente, haciéndonos con ella una foto para que la vieran todos sus paisanos.

 

 


 

CONCESIÓN DE LA CAMPANITA DE ORO A JESÚS PÉREZ GÓNZALEZ

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Asociación Manantera de Puente Genil en Madrid

 

            Poco después de fundarse nuestra Asociación se diseñó el emblema o logotipo por el que se  nos identifica: la mano del muñidor que toca la campanita, como recuerdo imborrable de una de las más queridas tradiciones pontanas, la campanita que precede a toda procesión con su dulce, armonioso e insistente tañido, llamando al corazón de todos los pontanos. Fue creación del conocido cartelista de la Semana Santa, Julio Cámara, hermano de la Manantera quien puso todo su interés en realizar su  emotivo diseño que, desde entonces, figura en nuestras cartas, felicitaciones, programas y revistas.

            Más adelante, la Asociación quiso tener una insignia de solapa, para los hombres, y un broche para las mujeres, realizándose ambos con una campanita  de plata que,  portan con orgullo todos los socios que lo desean. Posteriormente, esta campanita pasó a ser, también un obsequio que se viene imponiendo a nuestros invitados y anfitriones selectos, quienes lo reciben y la portan, con orgullo, en su solapa.

            Por último, se pensó en un galardón especial para aquellas personas o entidades de reconocido prestigio y/ o que hayan desarrollado una estimada labor en pro de la Asociación Manantera. De esta forma se creó el emblema de la campanita de oro.

            La primera se concedió a título póstumo, en 1990, al poeta pontanés Joaquín González Estrada, primer pregonero de la Semana Santa Pontana en Madrid. La segunda campanita de oro, se concedió, en 1999, a Andrés Gálvez Palos, Presidente de la Asociación Manantera durante siete años (1990-1997), por su entrega y dedicación al engrandecimiento de la misma y por su  interés en conectar con las autoridades, organismos, Cofradías y Corporaciones de Puente Genil.

La concesión de la tercera campanita de oro fue aprobada por la Junta Directiva, en 2002 , para ser impuesta a Jesús Pérez González quien ha laborado, incansablemente, para el desarrollo de la Asociación Manantera, desde sus cargos de vocal, vicepresidente y de Presidente durante  el periodo de 1997 a 1999. Su talante personal ha sido valorado por todos como el de un hombre sencillo, acreedor de los mejores sentimientos, desprendido, de gran corazón, lleno de altruismo, amante de su familia, de su pueblo, de sus costumbres y de sus tradiciones. Por eso, ha sido un puntal importante, durante años, en la  Asociación Manantera.  

Todos recordaremos su gestión de la lotería, la organización de sus grandes viajes, la primera comida  de la Manantera en un Cuartel, la "Cepa", bajo su mandato, su intervención en la inauguración del Cuartel de la Semana Santa instalado en el exconvento franciscano y la memorable procesión de las Angustias, el viernes santo de 1998, en que el Hermano Mayor le cedió la vara de mando para dirigir el paso  durante un tramo. Son algunos  de los muchos momentos y actividades protagonizados por Jesús Pérez .

Hermano de la Corporación Bíblica "Los Samaritanos" y Cofrade-fundador de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Misericordia y María Santísima del Mayor Dolor vive y trabaja en Madrid, desde 1960. Ahora, recién jubilado, disfruta de  su vida en Málaga pero sigue siendo socio activo y viene, a menudo a Madrid, para seguir participando en nuestras actividades.

La Cena Homenaje que promovió la Asociación Manantera para concederle la campanita de oro, como reconocimiento a su dilatada y eficaz labor como directivo fue un éxito de asistencia  y de organización y tuvo lugar en el restaurante "El Torreón" de El Pardo, el 26 de octubre de 2002. El homenajeado estuvo arropado con el cariño de toda su familia y de muchos amigos y hermanos. Hubo diversas intervenciones de miembros de la Junta Directiva que le testimoniaron su afecto y gratitud,  hasta que el Presidente, Manuel Angel Borrego inició el acto de imposición de la campanita de oro, con palabras muy emotivas, reclamando, después, a Paquita, su mujer para que fuera ella la que prendiera en la solapa el preciado galardón. Fue una noche muy emotiva, llena de sentimientos mananteros y de agradecimiento a un hermano ejemplar de la que merece dejar constancia.

Jesús Asensi Díaz

(Fotos de Lorenzo Muñoz)

 

            PIES DE FOTOS:

 

1.- El  Presidente de la Manantera, Manuel Angel Borrego se dirige a Jesús Pérez  en el acto de su homenaje.

 

2.- Jesús Pérez, recibe con satisfacción la campanita de oro de manos de Paquita, su esposa.

 

 


 

JOSÉ LUIS REY CANO, POETA ALPINISTA DEL SER

 

__________Jesús Asensi Díaz___________

 

                                                    Este semanario “Puente Genil Información”, daba la noticia puntual, el 14 de noviembre, de la concesión del importante premio Loewe de poesía a nuestro paisano José Luis Rey Cano por su obra “Barroco”, con la que ha conseguido 20.000 euros, la publicación de 3.000 ejemplares en Visor y el reconocimiento nacional, por un Jurado de lujo, como uno de los poetas actuales más sobresalientes.

            Nuestra alegría,  la estimación y el cariño que tenemos a José Luis  nos lleva  a escribir estas líneas más con el corazón y los afectos que con los de la crítica  o el análisis literario. Porque a José Luis Rey lo hemos visto crecer, en compañía de sus hermanos y primos, en nuestras paradas periódicas, desde hace muchísimos años, en El Palomar, donde sus padres y  sus tíos, muy amigos nuestros, tienen sendas casas de recreo. Sabemos que, desde muy pequeño, vislumbraba la poesía en los cuentos de Hoffman y Crisbert, en Oliver Goldswith y en aquellos mágicos libros de Bruguera. Y que a los catorce años –como el mismo ha contado- le llegó la revelación poética con Lorca, Cernuda, Gimferrer, Juan Ramón Jiménez, Rimbaud, Rilke, Eliot …

            Sus primeros poemas los publicó, con catorce años,  en la revista del Instituto Manuel Reina donde,  a poco más de una década, volvería como profesor. Otras revistas del país publicaron sus versos iniciáticos. Ya más elaborados, los publicó en la revista “Caronte” de la Facultad, en Córdoba. Fue madurando y leyendo y empezó a escribir, con lentitud pero con seguridad y exigencia, sus libros que iban siendo premiados y reconocidos. Al mismo tiempo no descuidaba su  formación y preparación profesional licenciándose  en Filología Hispánica por la Universidad de Córdoba, siendo más tarde Doctor “cum laude” de la misma. Tiene, también, estudios parciales de Derecho. Saca las  Oposiciones al Cuerpo de Profesores de Enseñanzas Medias  y obtiene una plaza,  que actualmente sirve, en el Instituto Manuel Reina de Puente Genil.

            Desde siempre hemos estado pendiente de sus publicaciones. En 1996, da el pistoletazo de salida y con veintitrés años, nos sorprende con Un evangelio español, que fue accésit del Premio Adonais y Premio Andalucía de la Crítica y publicado por Rialp. En 2001 aparece, en Visor, La luz y la palabra, un ambicioso ciclo poético integrado por veinte libros, y publicado parcialmente. Como ensayista ganó, en 2005, el Premio Internacional de Investigación Literaria Gerardo Diego, con la obra Caligrafía del fuego: La poesía de Pere Gimferrer (1962-2001) que lo incluye entre los investigadores del lenguaje poético con un trabajo de gran envergadura. En 2006, da a la luz La familia nórdica, galardonado con el XVI Premio Gil de Biedma y publicado en Visor. Y, ahora, en 2009 nos llega Barroco con el que se consolida, a pesar de su juventud, entre los poetas españoles más importantes de la actualidad  y  con más interés por formar parte de una nueva vía poética y posiblemente de una nueva generación.

            El año pasado, cuando editamos el n º 4 de la revista “La Uvita”, en una edición especial conmemorativa del XXV Aniversario de la fundación de la Asociación Manantera de Puente Genil en Madrid, recabé su colaboración como pontanés ilustre en el campo de las letras. José Luis atendió amablemente mi requerimiento y nos sorprendió con un precioso artículo, inédito, que nos honramos en poseer. En él, expresaba con bellas metáforas y una honda reflexión Qué es la poesía. Nos decía que “el poeta es el alpinista del Ser: subirá y subirá hacia las altas y nevadas cimas para tener el don de una visión pasajera, pero fundamental”. Pero sobre todo nos alertaba sobre la función del poeta visionario y  encabezaba así su escrito: “La poesía es el don de ver. El poeta, nos dijo Rimbaud, se hace vidente. El poeta es el ojo de la tribu; es quien descubre para los demás las cosas que creíamos conocidas y que, en su palabra, se hacen nuevas de pronto. En este sentido, la poesía es perpetua infancia”.

            José Luís Rey, tiene a estas alturas una enorme responsabilidad por haber nacido en Puente Genil, tierra de poetas reconocidos, como Manuel Reina, Juan Rejano, Ricardo Molina,  Antonio Almeda y otros. Su reto es grande y sus posibilidades  de superarlos a todos es mayor, dado su edad. El tiene una formación poética rigurosa  y una gran voluntad para afrontar nuevos retos, nuevos caminos de la poesía española. En su poética es capaz de trasladarse desde la cotidianidad a lo metafórico, sin perder de vista la realidad, desarrollando una  visión diferente y plural. El mismo señala que en sus versos se puede encontrar  más que el surrealismo  de las vanguardias el “irracionalismo”.  Pero otros han expresado, como Jaime Siles- que José Luís Rey muestra un “surrealismo claro e inteligible” de “gran aliento verbal” con predominio de la “preguntas retóricas”. En cierto modo, heredero de la gloriosa poesía del “Cántico” cordobés, José Luís ha dicho que “es nuestro gran patrón porque renovó el esteticismo de la poesía en España en los años cincuenta y sesenta, en un  momento en que primaba la poesía social que les ensombreció hasta que les rescataron los Novísimos, corriente a la que me siento más cercano. Nosotros somos más surrealista un poco más irracionales”.

            Respecto a Barroco es un poemario que intenta reflejar la vida como escritora del mundo. Una especie de escritura barroca de todo lo que puede ser el universo. Y una visión de la poesía misma como plenitud a través de temas clásicos y trascendentes como el amor y la muerte. Lo que está claro, en José Luis Rey, es su búsqueda insistente de nuevos caminos para la expresión poética. Nuestra alegría y satisfacción por este nuevo reconocimiento a José Luís, quiero unirla a la que sienten sus padres Pepe y Charo y sus tíos, mis amigos, a los que desde aquí mando mi felicitación junto al gran abrazo al poeta, alpinista del Ser.

 

 


 

LUZ MEDITERRANEA, EXPOSICIÓN DE PINTURA  EN MÁLAGA

SU AUTOR, EL PONTANÉS ENRIQUE PÉREZ ALMEDA

 

__________ Jesús Asensi Díaz__________

 

                           

            Gran parte del universo  pictórico del arista pontanés Enrique Pérez Almeda  está representado en esta la magna exposición que le ha preparado la sala “Ámbito Cultural” de El Corte Inglés, de Málaga y que estará  abierta hasta el 21 de octubre. Se trata de una muestra de cuarenta cuadros que el pintor realizó alrededor de 1997 y que se han agrupado en torno a grandes temas como son el mar, la pesca y los pescadores, entre los que destaca “El copo”; paisajes, en gran parte de Ronda y sus alrededores que el pintor ha visitado con frecuencia; personajes y figuras, como las vendimiadoras, la aceitunera, viejas rondeñas, la partida de naipes, etc.; calles, monumentos y paisajes urbanos, como la Alameda del Tajo o la Plaza de la Merced, que es, a su vez, bella portada del catálogo editado.

            El título de la exposición se refiere a  “esa luz que siempre le ha obsesionado y que vino persiguiendo desde su Puente Genil natal hace ya más de sesenta años; la que le ha permitido explotar el filón de todos los matices  posibles del blanco en su paleta de pintor; la misma luz que amenazaba con marcharse pero que, al menos, ha quedado ya  atrapada para siempre en estos cuadros… Un soplo de aire fresco capaz de reconciliar con la belleza plástica a todos los que anden confundidos en la selva de despropósitos que modernamente se vienen asociando, sin demasiado rigor, al sencillo y sagrado arte de la pintura”, en palabras del Comisario de la exposición  Carlos Pérez Torres.

            Enrique Pérez Almeda, hermano del poeta Antonio Pérez Almeda y sobrino del también poeta  Manuel Pérez Carrascosa,  nació en Puente Genil el 28 de abril de 1928, siendo bautizado en la parroquia de Nuestra Señora de la Purificación, en la que después hizo su primera comunión. Perteneció a “Los Ataos Chiquitos”, donde germinó su espíritu manantero. Estudió Bachillerato en la Academia de Don Agustín Rodríquez examinándose en Cabra. En 1946, con 18 años se traslada a Málaga donde estudia Magisterio, hace oposiciones, se casa con una malagueña y sirve en varias escuelas de la provincia y la capital. De manera paralela  al Magisterio empieza a pintar  desarrollando una brillante carrera autodidacta que poco a poco va perfeccionando hasta llegar a “una capacidad interpretativa de líneas ajustadas y exacta y de una corrección técnica de sensibles difuminados en sus gamas de color” (Esta opinión de él corresponde  a la obra  “Arte Iberoamericano 1900-1990”, UNESCO, CD room, donde se incluyen cinco obras suyas).

            Podemos encuadrar a Enrique Pérez Almeda, en la Generación del 50, siendo su  estilo pictórico  neo-impresionista, figurativo, estando sus obras  realizadas directamente del natural, al aire libre, con una factura de  gran luminosidad y espontaneidad. El célebre periodista y poeta  Manuel Alcántara lo ha definido como “el honrado pintor de mar y pueblos”  y también ha dicho de él que es “un malagueño de Córdoba”. Nuestro pintor ha realizado más de noventa exposiciones individuales y participado en  muchas más colectivas. En  Puente Genil ha expuesto en cinco ocasiones con gran éxito, estando sus cuadros repartidos por todo el pueblo. Enrique pertenece  desde hace tiempo a la Corporación Bíblica de “Los Profetas” estando en posesión del escudo de oro de la misma, siendo nombrado pintor oficial de la Corporación pudiéndose contemplar en su Cuartel numerosas obras suyas.

            Recordamos y reseñamos, tres obras suyas, de gran interés como son el cartel de la Semana Santa de Puente Genil, de 1993, que representa a “Jesús preso”; el retrato de la célebre bailaora malagueña  “La Paula” que se presentó en el Ayuntamiento de Málaga, en el 2002, y cuyo original se conserva en el Museo de la Peña Juan Breva; y el “Cuadro-mural Picassiano”, óleo de 3 x 1 metros  donado al I.E.S. Christine Picasso de Málaga, en 2005 y que figura, a doble página, en el Catálogo de la exposición. La inauguración  fue todo un éxito, un acontecimiento artístico y social, en la bella sala de “Ambito Cultural”, de El Corte Inglés, de la Avenida de Andalucía malagueña que estaba repleta de público, entre ellos sus paisanos. El Comisario de la exposición, el profesor Carlos Pérez, hijo del pintor, hizo una emotiva glosa de su padre exponiendo que toda su vida está plagada de óleos y acuarelas, ceras y plumillas, imágenes de paisajes y de personajes retratados en sus quehaceres, composiciones de gran maestría en el dibujo y en el tratamiento del color, secuencias que nunca han traicionado su aproximación de estilo figurativo.

            Enrique ha atravesado, estos últimos años, por serios problemas en la vista, lo peor que puede ocurrirle a un pintor. Pero estos problemas en la visión,  parecen haberse solucionado tras una afortunada operación que le ha devuelto las ganas de vivir y de seguir pintando. Esta exposición ha supuesto para él la culminación de su carrera artística  que no quiere abandonar. Nuestra felicitación a este pontanés ilustre al que deseamos verle en la próxima Semana Santa disfrutando en su Cuartel de “Los Profetas” y preparando otra muestra de su arte pictórico.

        

 

 


 

NUEVA PUBLICACIÓN DEL POETA JUAN REJANO

La tarde y otros poemas editado por Cátedra

 

__________Jesús Asensi. MADRID__________

 

                                                                            En Málaga residen las hijas del poeta Juan Rejano (1903-1976),  Carmencita y Conchita –las nombro, cariñosamente, como el poeta en su dedicatoria de “El Genil y los Olivos”- Son, además, vecinas nuestras por lo que las veo muy a menudo y me cuentan cosas de su padre. En esta ocasión, me hacen un regalo inapreciable. Un precioso tomito, recién salido, en edición de bolsillo,  de la editorial Cátedra de Madrid, que se titula “La tarde y otros poemas”: su autor JUAN REJANO. Aunque este poemario ya figuraba en la edición de la “Poesía completa” que publicó, en 2003, la Diputación de Córdoba, en colaboración con la Fundación Juan Rejano, de Puente Genil, ahora cobra especial relieve por ser una obra póstuma. Apareció en México, por primera vez en 1976, como homenaje al poeta, nada más morir éste y lo editó una librería llamada Arte y Libros, cercana a la casa donde vivió el poeta en México.

            La otra circunstancia es que el libro lleva una extensa introducción de la profesora Teresa Hernández, verdadera estudiosa y especialista en nuestro poeta quien traza una magistral semblanza de su vida en el exilio. “La tarde”, la considera “el mayor acierto del escritor, una obra madura y equilibrada, donde el poeta ha superado ya las pruebas más extremadas”. En realidad, puede considerarse  una síntesis de su obra lírica. “La postura vital y estética de Rejano –sigue diciendo Mª Teresa Hernández-  participa de una apacible filosofía de la despedida del mundo, sin estridencias, sin júbilo ni esperanzas idealistas, sino como expresión de un final en plenitud, de una solidaridad irrevocable ..”. En “La tarde se descubren en Rejano “los más hondos acentos de la grandeza del ser en la verdad que vale, la última”. El análisis, la disección, el profundo estudio que realiza Teresa Hernández acerca de este poemario, nos dice lo mucho que aun queda por hacer respecto a la obra de Juan Rejano.

            La portada del libro va ilustrada con un cuadro del escultor y pintor Alberto Sánchez, regalo del artista a Rejano. Junto a “La tarde”, esta novísima edición incorpora una selección de textos de otras obras líricas del poeta. Un regalo para los amantes de la poesía  y un orgullo para Puente Genil que mantiene vivo y actual un grandísimo poeta que día a día se revaloriza.

 

PIE DE FOTO

  1. Juan Rejano en una foto realizada poco antes de morir, contenida en el libro ”La tarde y otros poemas”

Portada del libro de Cátedra, con estudio de Mª Teresa Hernández

 

 


 

EL SENTIMIENTO RELIGIOSO EN LA POESÍA DE

 ANTONIO ALMEDA

 

 __________Jesús Asensi Díaz__________

 


                                                            La Fundación “Juan  Rejano”, de Puente Genil, tuvo el acierto el pasado mes de abril de 2006, de recordar al poeta Antonio Almeda  con una edición antológica de algunos de sus mejores versos, titulada “Tierra de Dioses Manes”, realizada por su amigo  Jacinto Mañas. Y, también, con una mesa redonda en la que participaron Carlos Clementson –profesor de Literatura de la Universidad de Córdoba-, Jacinto Mañas –poeta de Montoro- y Juanita Torres – cuñada del poeta -, actuando como coordinador el Presidente de la Fundación y Concejal de Presidencia del Ayuntamiento de Puente Genil, Alberto Gómez quien calificó a Antonio Almeda  de “ser un poeta muy serio y de gran hondura que cierra el repóker de poetas pontanenses junto a Manuel Reina, Ricardo Molina, Juan Rejano y la joven presencia de José Luis Rey”.

            En la distancia, me quiero unir a este merecido homenaje a mi buen amigo Antonio Almeda, que por problemas de salud no pudo asistir. Aprovecho la cita anual de la Revista de Semana Santa, para dejar constancia en ella del sentimiento religioso que subyace en su poesía, uno de los pilares que sustentan su universo poético.

      Antonio  ha confesado más de una vez que es un hombre de fe pero, quizá no un buen  cumplidor con la Iglesia. Con toda sinceridad ha dicho .”Al acostarme recuerdo mi Padrenuestro y mi Salve, como un niño bueno, reminiscencia de mi educación infantil”.

            En su Pregón de la Semana Santa de Puente Genil, de 1993,  nos  recordó sus orígenes, con detalles sentimentales muy profundos que le han marcado para toda su vida. Nos contaba que fue bautizado, en 1929, en la Parroquia Matriz de Nuestra Señora de la Purificación en la que recibió, posteriormente la Primera Comunión y en la que vió “con sagrado estupor crecer uñas y pelos al niño Alonso Ruperto, el Niño Mártir”.

Evocó a su tio-abuelo, Don Emilio, que tenía una fábrica de chocolate y que fue cofundador del Imperio Romano, recordando que donó su traje de “los Pajizos”  del cual, como era persona oronda , salieron dos: “ uno para mi hermano Enrique, que era el abanderado y otro para este servidor. Maricel hizo el retrato, años ha”

            También evocó a su querido maestro Don Agustín  que “cantó soberanamente de pe a pa nuestra Mananta y que reivindicó la persona del alpatana con tres preciosos octosílabos”.

           No podía olvidarse del cariño y admiración  hacia su tío Don Manuel Carrascosa, veterano de los Apóstoles, cuya obra poética honra a Puente Genil, en especial su afortunada composición manantera “Fiestas de La Puente” tan conocida y recitada.

          Por último, tuvo un emotivo recuerdo de “Los Ataos Chiquitos” que presidía “Ito” Cabello, siendo eficaz tesorero Carlos Aguilar Ortega y él mismo Secretario contando que “emulados por los mayores, cumplíamos a rajatabla el reglamento y hasta nos multábamos. Teníamos con orgullo –después del Imperio, que entonces era el Teatro Circo- el Cuartel más grande del pueblo, el Molino de los Aguilar Ortega. Allí celebrábamos nuestras juntas, nuestros sorteos procesionales, nuestras cuarteleras, nuestros yantares y nuestras uvitas, en la convivencia fraternal, desinteresada y gratuita que es el verdadero espíritu de “fratía”.

            Con estos recuerdos, no extraña que la poesía  de Antonio Almeda recoja, a veces, sus sentimientos y vivencias de religación y de fe. Y así, cuenta que cuando ha visitado catedrales, templos y ermitas, de las muchas y grandiosas que existen en España, después de admirar su valor histórico y artístico, su vivencia se transmuta en otros más humildes ejemplos arquitectónicos, los que desde siempre ha sentido en Puente Genil y que su vena poetica canta así:

           

      La Ermita tiene una torre

      para hablar con las estrellas.

      Del “Terrible” son las huellas.

      No hay tinieblas que las borre.

 

      Cuando el viento la recorre

      baja música del cielo.

 

      Es tanto y alto su vuelo,

      y tanta su gallardía,

      que sólo por cortesía

      se queda firme en el suelo.

 

            Como se observa, su verso es cálido y fluido pero de un esmerado clasicismo . Almeda domina las formas poéticas con la precisión de los clásicos, adecuando cada una al contenido de sus composiciones que siempre demuestran una gran preocupación por el hombre y sus problemas eternos: el amor, la muerte, la angustia y la incertidumbre...

         El estudioso Felipe Muriel en su obra Panorama de la poesía en Córdoba (Cajasur,1990), lo analiza expresando  que “Almeda escribe con el propósito de indagar en la interioridad del hombre. A través del conocimiento de sí mismo intenta desvelar al lector la condición del hombre como ser alienado, con el fin de que este pueda, a su vez, reencontrarse y cambiar... Como prueba de fidelidad y gratitud, el poeta, que sabe de la fuerza redentora de la palabra, se la entrega fulgente al mundo, para que resucite de su abatimiento y entreabra el espíritu al misterio y a la belleza, puesto que la poesía puede ser un medio de salvación”

   En su poesía religiosa se aventura un sentimiento punzante, existencial y visceral que nos llena de ternura y de gloria, de sentimiento y  de humanidad, convertidos en un rezo, en una invocación:

 

Sabor a vida eterna

exhala todo cuanto aquí se mira.

Luminosa caverna

donde el éxtasis gira.

Cóncavo cielo en que el Amor respira.

 Aquí tu voz escucho

“por la secreta escala disfrazada”.

Aquí siento lo mucho,

redonda la mirada,

de lo que yo no alcanzo casi nada...

 

   Y siguen más estrofas de este hermoso poema en el que Almeda tiene presente al místico San Juan de la Cruz. Ël, con su modestia habitual,  considera sus versos como un desahogo sincero, un impulso piadoso, un arrebatado fervor .. que deviene en sencilla fe de hombre de calle, en sincera y humilde “fe de carbonero”.

Respetemos su hondo sentimiento religioso que  trasciende a su lírica bien construída, de un rigor formal tal que lo lleva a escribir sonetos de impecable factura, como éste en que describe la imagen de Jesús en su gloriosa muerte, al que recuerda bajo la advocación pontana de “El Terrible” :

 

 

 No está muerto. Palpita. Sólo espera

 la autopsia de la luz. Al tercer día,

quebrantará este cuerpo su agonía

para alcanzar la vida verdadera.

 

Crucificado estuvo en la madera,

sangre sudó en un huerto de acedía.

Y porque lo dictó la Profecía

inundará de luz la tierra entera.

 

 Le llaman El Terrible, el que columbra

altas torres de amor sobre el escombro

de un mundo malherido y en deshecho.

 

Este es el Inmortal. Se le vislumbra

una paloma blanca sobre el hombro

y a Dios tronando en el volcán del   pecho

 

 He presentado la obra de Antonio Almeda, en varias ocasiones, en la sede de la Casa de Córdoba y para la Asociación Manantera y otras entidades y, también, publicado sus versos en “La Uvita”. Y he captado como el poeta se reconciliaba con sus orígenes, interesando a sus oyentes o lectores que seguían fielmente sus emociones. Tal es el caso de la explosión de su lírica altisonante y bien medida, aplicada para cantar con entusiasmo rubeniano a las huestes romanas de su pueblo, en este  exaltado soneto:

 

Lábaros y estandartes tremolando,

prodigio de color viene el Imperio.   

Son las huestes soberbias de Tiberio.

¿De dónde vienen, desde dónde y cuándo?

 

Su música en el aire resonando,

escoltan al Terrible, a su Misterio.

Es muy serio, pontanos, es muy serio

y muy hermoso lo que está pasando.

 

El Terrible les mira y les bendice,

su Santa Mano su desfile guía.

¡Viva el Imperio! el pueblo entero dice.

 

Se estremece el airón de los plumeros.

Blancos son a la luz clara del día.

Negros serán  a la de los luceros

 

    La obsesión de Almeda por su Jesús,  el dulce y  a la vez “Terrible” Nazareno,  de su niñez, le acompaña siempre, como hemos visto, en muchas de sus composiciones. No es extraño, pues, que encargara a su amigo Jacinto Mañas, para que gritara, en su nombre, ¡Viva el Terrible!  en el homenaje que se le tributó en Puente Genil y al que no pudo asistir.

    Muchas veces, he hablado con Antonio de la Semana Santa. Él siempre recuerda la de sus años juveniles aunque, ahora, suele ir a Puente Genil con su hermano Enrique y lo vemos deambular o como él dice “azacanear arriba y abajo nuestras empinadas calles en busca de los pasos procesionales”. Y es inevitable que de sus observaciones y vivencias se le escapen versos cortos de un hondo sentido local que escribe –como él dice- “a vuelapluma”:

 

   ¡Quién me presta a mí un balcón,

   calle  Santa Catalina

  ¡ y calle de Don Gonzalo!

 

   ¡Quién me presta mí un balcón

   para ver a Los Romanos

   para ver la Procesión!.

 

         La Semana Santa de Puente Genil alumbra una manifestación popular que, a la vez, es canto y oración. Nos referimos a la saeta cuartelera, una de la expresiones más puras y auténticas, enraizadas en la idiosincrasia de un pueblo. Se escuchan en la intimidad  y hermandad del cuartel donde este tipo de saeta se engrandece,  acompasada con la percusión de las manos en la mesa o por tambores sordos que marcan con su ritmo lento el cante dialogado.

      La cuartelera posee una gran sencillez tonal, siendo un cante sobrio y monocorde.  Sus letras, anónimas la mayoría, se refieren a la Pasión de Cristo cantándose con gran énfasis y seriedad. Esta manifestación musical, lírica y religiosa, no podía pasar desapercibida para la vena poética de Antonio Almeda  que ha completado el rico repertorio pontano con algunas muestras, en quintetos, del más bello lirismo.

           Las ha dedicado a una de las Corporaciones Bíblicas con más solera  y tradición  “Los Profetas:

 

     Bajan la Cuesta Baena

     los Profetas en silencio.

     Llorando bajan de pena.

     Que se ha cumplido el Encuentro.

     ¡Qué se ha dictao la condena!

 

         La cuartelera se escribe para ser cantada. De aquí que Antonio se haya expresado así al oír las suyas: “Qué sorpresa, qué alegría, qué honda emoción y escalofrío a flor de llanto el que sentí cuando se las escuché allá en su cuartel, en donde tantas veces he sido acogido, invitado, tratado como un hermano más”.

   Y en esta antología lírico religiosa, de honda raíz popular,  tampoco podía faltar la evocación de la Madre, en la advocación de María Santísima de los Dolores. Y como siempre, Antonio, recurre a los recuerdos de su niñez, alentando los sentimientos más puros e íntimos de su infancia en este impecable y emotivo soneto:

 

Tú que todo  lo puedes y engalanas

mi corazón de un blanco terciopelo;

que me levantas, me alzas en un vuelo,

en medio de un repique de campanas.

 

Tú que todo lo puedes y lo sanas,

Madre de Dios, Reina de todo cielo;

me sanarás del negro desconsuelo

mi despertar de todas las mañanas.

 

Regresaré a la orilla del portento

de la niñez, los blancos surtidores

donde el llorar tornábase alegría.

 

Devuélveme a la luz que fue mi aliento

de aquel antiguo mayo de las flores.

Tú que lo puedes todo, Madre mía.

 

        Un tema recurrente en la poesía de Antonio Almeda es el de la muerte, que  contempla con serenidad y esperanza. La suya, y la de otros, la reviste de amor, de ternura y de lirismo. “No haya llanto ni queja, que parto de esperanza revestido...”. La de Cristo, en el Santo Sepulcro, le hace expresarse con rotundidad en una décima del más esmerado clasicismo:

 

     El Cuero, cielo tendido,

     astros de sangre reposa.

    En los párpados la rosa

    del silencio ha florecido.

 

   ¡Oh Cristo en vano abatido

    por la muerte!

 

   El Corazón

   Libra un río de perdón

   Por el derecho costado.

 

   ¡Oh Cristo ya preparado

   para la Resurrección!

 

   La lectura de los místicos ha sido para él una base importante de su poesía. Su admiración hacia la figura de San Juan de la Cruz le ha hecho recordarle en un poema místico y elevado como estos “Diez versos para Juan de Yepes”:

 

     Mueve en silencio la luz,

     la voz, la mano del Santo.

     No hay materia ni quebranto

     que ensombrezca su virtud.

     Ni el más ténebre capuz

     Ennochece su alto anhelo.

     Por las raíces del cielo

     cantando, volando va,

    de la mano de San Juan,

    el alma, que va de vuelo.

 

   En la obra poética de Almeda, encontramos muchas alusiones a ese Dios suyo panteísta, Creador de la Naturaleza y  de los mundos, origen del Todo, el Pan-Heos de los clásicos que le hace buscar sus raíces telúricas en la naturaleza, en su pueblo o en el de otros de Andalucía. De su larga composición “Árbol Gótico” son estas estrofas:

 

... Árbol de Dios, del mundo en las entrañas

tu raíz es, pero no tu pensamiento,

que elevas más allá de las montañas.

Es la copa quien te sujeta al viento.

Del tiempo en la ribera

tu honda ansiedad, madero silencioso,

místico y oloroso,

siempre en fuga hacia Dios, siempre en espera

 

... Ciprés crucificado.

Azul en la pupila te he tenido;

perplejo ante los ojos, como un faro

de fe. Yo en ti, ciprés, he comprendido

que Dios, Lo Misterioso, es lo Más Claro.

 

  Todavía,  se dirige  “A un Dios lejano” al que invoca, reza e impreca con fervor ante la muerte presentida :

 

Acataré tu gran sabiduría

que al tiempo vence y  al silencio labra,

porque tuya es la luz de la Poesía,

tuya mi muerte, tuya mi palabra.

 

   Antonio Almeda -según el criterio  de Jacinto Mañas- “   pertenece a la generación de los poetas cordobeses de los años sesenta, inmediatamente posterior al pregonado y justamente enaltecido grupo Cántico, que escribió de los años cuarenta a cincuenta, tras los grupos del 27 y del 36, la mejor poesía de este país, frente a la imperante ola de la poesía social y neogarcilasísta. En esta generación cordobesa de los años sesenta andan Jiménez Martos, Mariano Roldán, Toledano, Paco Carrasco, Jacinto Mañas y el gran Almeda”.

   Su obra poética es más bien corta pero profunda y admirable y con ella ha obtenido   importantes premios: El pájaro infinito (Premio Alcaraván, 1954); Árbol gótico (Premio Hispano-lusa-americano, Buenos Aires, 1959); El otro (Finalista del Premio Panero, Madrid, 1967); Tuera y alimento (Premio Álava, 1969); Territorio (Madrid, 1971); Lúcido en ciernes (Premio Ricardo Molina, Córdoba,1974); Alguna poesía (Antología en la editorial La Encina, Cáceres, 1975); Zócalo ( Premio Alcalá de Henares,1978); Políptico (Premio Café Marfil, Elche, 1978); Llamado G.O. (Premio Aguacantos, 1984); Friso (Premio Rilke, 1996).  

   Los dos poetas amigos, Almeda y Mañas, fundaron la colección de poesía “Euterpe”, interrumpida no hace mucho, con una veintena de títulos entre los que hay varios de Almeda: Coso interior, A palo seco, Fin de un túnel y Friso.  Nuestro poeta tiene su obra repartida  y mucha de ella agotada; posee, además, dos obras inéditas que esperamos ver pronto a la luz: Según el corazón y Noche bética.

    Sería deseable  que se acometiera la tarea de publicar sus obras completas, anotadas y con un estudio crítico. Almeda se lo merece y, también, la poesía andaluza necesita incorporar plenamente a su acervo un poeta importante. Mientras, él sigue, lento pero inexorable, su proceso creativo desgranando sus versos que indagan en la interioridad del hombre. Y ello, con el rigor formal  a que nos tiene acostumbrados. Y de paso y en paralelo,  recordando permanentemente a su tierra con un sentimiento telúrico que nace de lo más profundo de su ser.

 

 

(Publicado en la Revista de Semana Santa, 2007, Puente Genil)

 

 


 

ENRIQUE PÉREZ ALMEDA, EL PINTOR DE “LOS PROFETAS”

 

___________Jesús Asensi Díaz__________

 

En la Revista de Semana Santa 2007, dedicamos un artículo a glosar la poesía religiosa del poeta pontanés Antonio Almeda. Este año lo hacemos con su hermano, también pontanés, el pintor  Enrique Pérez Almeda. Ambos, a pesar de residir largos años fuera de su pueblo –Antonio en Madrid, Enrique en Málaga-  se acuerdan de él, acuden por Semana Santa y han reflejado en su obra artística –pintura, poesía- las imágenes y los sentimientos más profundos del pueblo que les vio nacer.

 

 

Sus inicios en Puente Genil y su marcha temprana a Málaga.

Enrique Pérez Almeda nació en Puente Genil el 28 de abril de 1928, un año antes que su hermano Antonio, siendo bautizado en la Parroquia de Nuestra Señora de la Purificación, en la que después recibiría la Primera Comunión. Tiene un recuerdo entrañable hacia “Los Ataos Chiquitos”, que presidía “Ito” Cabello, siendo su eficaz tesorero Carlos Aguilar Ortega y su hermano Antonio, secretario, reuniéndose en “el cuartel más grande del pueblo” que era el Molino de los Aguilar Ortega. Allí, en su más tierna infancia y en su adolescencia germinó y se cultivó su  espíritu manantero con vivencias  que se quedan marcadas para siempre.

Su hermano Antonio, nos recordó en su Pregón de la Semana Santa de Puente Genil de 1993, una simpática anécdota que les afectaba a los dos y que Enrique, también, recuerda con regocijo. Su tío abuelo, Don Emilio que tenía una fábrica de chocolate, fue cofundador del Imperio Romano y, en cierta ocasión, les dio su traje usado de “Los Pajizos” para que  arreglaran  uno  más pequeño, Pero,  como era una persona oronda, al final salieron dos trajes, uno para Antonio y otro para Enrique, quienes los lucieron con empaque durante  algún tiempo.

Estudió el Bachillerato en la Academia de Don Agustín Rodríguez, del que guarda un grato recuerdo, examinándose en Cabra. También tiene un recuerdo entrañable de tío Don Manuel Carrascosa, veterano de los Apóstoles y reconocido poeta. En 1946, con 18 años marcha a Málaga para estudiar Magisterio, terminando la carrera y haciendo Oposiciones, con lo que se queda allí, casándose con  una malagueña y sirviendo en varias escuelas de la provincia y de la capital.

Al tiempo que ejerce su profesión de Maestro, empieza a pintar desarrollando una brillante carrera autodidacta que va perfeccionando hasta llegar a “una capacidad interpretativa de líneas ajustadas y exactas y de una corrección técnica de sensibles difuminados en sus gamas de color” (Esta opinión de él corresponde a la obra “Arte Iberoamericano 1900-1990”, UNESCO, CD ROOM, donde se incluyen 5 obras suyas). En 1974, se Diploma en Expresión Plástica por la UNED, en 1977 funda el Grupo “Pintores Malagueños”, es miembro fundador del Circulo de Bellas Artes “Nuevo Siglo” y pertenece a la Asociación de Acuarelistas y de Artistas Plásticos de Málaga.

 

Premios, distinciones y crítica a su carrera artística.

Se puede decir que Enrique Pérez Almeda es un pintor que pertenece a la Generación del 50. Desde 1955, ha realizado más de 90 exposiciones individuales, y aun más colectivas, por toda la geografía española sobre todo en la provincia de Málaga, de aquí que el periodista Manuel Alcántara, haya dicho de él que es “un malagueño de Córdoba”. Su obra figura en pinacotecas  como el Liceo, Diputación Provincial de Málaga, Unicaja, Cajasur… y en colecciones privadas de todo el mundo. Se encuentra representado en diez museos andaluces entre ellos, el Museo Provincial de Bellas Artes y el de Artes Populares, ambos de Málaga. Ha ilustrado libros de poesía y narrativa. Posee numerosos Premios y Medallas en Concursos de Pintura y Certámenes que es imposible reseñar aquí. Practica todas las técnicas plásticas, en especial el óleo, la acuarela y el dibujo a pluma.

Podemos decir que su estilo pictórico es neo-impresionista, estando sus obras realizadas directamente del natural, al aire libre, con una factura de gran luminosidad y espontaneidad. Las referencias de críticos y comentaristas hacia su obra son numerosas. Extractamos sólo algunas para un mejor conocimiento de su pintura. A. García Maldonado dice de él  que “es un pintor de cualidades artísticas muy humanas”; L. Caballero expresa que es el  “pintor de los pueblos”, López Anglada que es un “pintor por malagueñas” y Gonzalo Fausto que “los pinceles de Pérez Almeda, captan Málaga y lo malagueño con verdadera pasión, vocación y profesión”.

 

Su pintura de temas religiosos y de la Semana Santa de Puente Genil

Sus vivencias infantiles y juveniles en Puente Genil, afianzadas por sus visitas al pueblo, sobre todo en Semana Santa y su  residencia en Málaga, ciudad de gran arraigo  semanasantero, le han hecho concebir parte de su obra pictórica con un fuerte sentimiento religioso. Sus temas relacionados con las imágenes, las figuras bíblicas, los detalles procesionales y otros son numerosos. Entre muchos otros, ha pintado los óleos en lienzo de la “Virgen de la Paloma”, “Crucifixión” y “Santa María de la Victoría”. Pero vamos a referirnos a su pintura religiosa sobre la Semana Santa de Puente Genil que está casi toda ella diseminada en el pueblo.

Enrique pertenece, desde hace mucho tiempo, a la Corporación Bíblica de “Los Profetas” estando en posesión del Escudo de Oro de la misma, cuando hizo sus veinticinco años como hermano. Allí ha sido nombrado el pintor oficial  de “Los Profetas”, pudiéndose ver en su cuartel numerosas obras suyas aunque otras están en posesión de sus hermanos. Llama la atención, la galería de retratos, a lápiz, de tamaño natural, de la cara de perfil, de todos los hermanos de la Corporación, que en número de cincuenta o más están representados en un testero del salón.

Entre los cuadros realizados para “Los Profetas”, destacan: “Cristo de Mena” (acuarela), “Los Profetas” (óleo sobre lienzo), “Los Profetas desfilando” (acuarela), y “Los Apóstoles” (acuarela). Mención especial son sus retratos de  Jesús Nazareno que ha prodigado en repetidas ocasiones, plasmando con asombrosa fidelidad su efigie y su mirada, pero con un sello personal que los hace verdaderas obras de arte. Tales son, “La mirada del Nazareno”, óleo sobre lino, que está en “Los Profetas”, “Jesús Nazareno”, busto al óleo en lienzo, “El Terrible al paso por el Arco de la plazuela Lara”, óleo, y “El Terrible”, dibujo a lápiz.

Otro tema suyo, recurrente es “El Imperio Romano”, del que tiene “Cinco capitanes del Imperio Romano de Puente Genil”, óleos de pequeño formato, y dibujos que ha publicado en la Revista de Semana Santa y otras publicaciones, entre ellas, “La Uvita” y en el libro sobre El Imperio Romano de F. Baena. Y otras ilustraciones, generalmente dibujos a plumilla, de figuras, la ermita de Jesús, calles emblemáticas, rincones, etc. que se encuentran igualmente repartidos por el pueblo o insertos en sus publicaciones.

 Mención especial es su labor como cartelista donde siempre domina el dibujo y el color, ofreciéndonos obras que impresionan como son “Jesús preso”, cartel de la Semana Santa de Puente Genil, de 1993, cuyo original lo posee la Cofradía, existiendo una copia en el cuartel de “Los Profetas”. En el 2004, realizó el cartel de la Semana Santa de Andorra y fuera del ámbito religioso, destacamos su hermoso cuadro “La Paula”, para el cartel que editó el Exmo. Ayuntamiento de Málaga, en 2002, y cuyo original se conserva en la Peña Flamenca “Juan Breva de Málaga”. También ha realizado  el Cartel de Carnaval, 2004, del Ayuntamiento de Málaga  y en 2005, realiza el “Cuadro-Mural Picasiano”, óleo de 3 x l metros, que se encuentra en el Instituto “Christine Picasso”, de Málaga.

 

Epílogo

Nos congratulamos de haber tenido la ocasión de reseñar y glosar la figura y la obra de este pontanés ilustre que, en la referencia de otro crítico de su pintura, Rafael Cortés, se expresaba diciendo que Enrique Pérez Almeda es un “pintor abierto, sincero, dominador absoluto del dibujo y del color, creador de sensaciones, analista profundo y concienzudo de los personajes que lleva a sus lienzos”. En 2006, nos sorprendía con una Felicitación de Navidad que titulaba “Inmigrantes”, en la que se veía, en primer plano, la imagen  dramática de una patera repleta de inmigrantes y, al fondo, el mar infinito en que brillaba una gran estrella, como símbolo de paz y esperanza.

Pintor de muchas técnicas y de temas muy variados ha expuesto en Puente Genil en cinco ocasiones, con gran éxito. Sus paisanos han valorado mucho su arte y sus cuadros se encuentran repartidos por todo el pueblo. Esperamos, que aunque ya está mayor y con ciertos achaques, no deje de visitar su pueblo, participar en la Semana Santa, alegrarse y disfrutar en su cuartel de “Los Profetas” y preparar otra magnífica exposición para deleite y honra de sus paisanos.

       

 

 (Publicado en la Revista de Semana Santa 2008, Puente Genil)

 

PIES DE FOTOS

 

  1. El pintor Enrique Pérez Almeda, junto  a su hermano el poeta Antonio Almeda, en la inauguración de una exposición en Málaga, en 1992.

  2. “La mirada del Nazareno” (2001), óleo de Enrique Pérez Almeda que encuentra en el cuartel de “Los Profetas”

  3. “San Pedro Apóstol”, dibujo  a plumilla

  4. “Inmigrantes” (2006), plumilla de Enrique P. Almeda

  5. “Cristo de Mena”, acuarela, de Enrique P. Almeda que se encuentra en el    cuartel de “Los Profetas”