LA ESCRITURA Y LA CALIGRAFIA Al tiempo que se aprendía a leer, se aprendía a escribir.  Antiguamente, las  destrezas motrices no estaban tan desarrolladas como ahora con la educación infantil y los  niños pasaban más tiempo ejercitándose en hacer palotes y rasgos. Existía un material  específico, las pizarritas individuales con pizarrines de piedra o de manteca que eran más  blandos y cómodos. En ellas los niños practicaban una y otra vez, palotes, círculos, grecas  y grafías que  copiaban del encerado o de un modelo.  Superado este primer momento, la pizarra se iba abandonando para utilizar el  cuaderno rayado –con rayas simples o dobles de varios anchos- y el lápiz. Los Maestros  solían escribir a cada alumno una “muestra” personalizada en su cuaderno cuidando  mucho la  buena letra. Otras veces, una o varias muestras  las escribía en la pizarra para  que  cada grupo copiara la suya. Y otras, disponía de una serie de cartoncitos, donde el  Maestro había escrito una serie de muestras graduadas que los alumnos se distribuían y   alternaban. Con ello, los alumnos dedicaban mucho tiempo a trazar bien la forma de todas  las grafías y a enlazarlas formando palabras.   Otro momento era cuando el alumno estaba en disposición de poder usar el  portaplumas o “palillero” al que se le ponían diversos tipos de plumillas metálicas que  tenían  formas y cortes adecuados para cada clase de letra. Las plumillas  se mojaban en  el tintero y con ellas se trazaban letras y palabras en un ejercicio repetido hasta la  saciedad. El arte de escribir con limpieza, claridad, proporción y elegancia es lo que se llama  Caligrafía y constituía un aprendizaje minucioso y todo un rito ya desaparecido. La escuela  antigua dedicaba mucho tiempo al entrenamiento con muestras caligráficas muy variadas.  Se practicaban varios tipos de letra: española –vertical e inclinada, inglesa, redondilla  francesa, gótica y americana. Para esta práctica existían cuadernillos impresos, seriados y  pautados, con las muestras y modelos adecuados que se iban caligrafiando con todo  esmero y pulcritud.  La Caligrafía se concebía como la culminación estética de la escritura, valorándose  la belleza de los textos escritos o rótulos. En los estudios de Magisterio era una asignatura  más del plan de estudios. Por eso los Maestros de aquella época  escribían tan bien y lo  hacían en el encerado como  verdaderos artistas.  Hoy nos queda el recuerdo de esta práctica en los cuadernos escolares  que se  conservan y en la memoria de los mayores que fueron alumnos de la escuela del pasado.